Los centros de energía y sus dimensiones en el embarazo



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Los centros de energ√≠a o chakras, son los 7 puntos a trav√©s de los cuales se distribuye nuestra energ√≠a vital. Los mismos est√°n alojados a lo largo de nuestra columna vertebral y de su equilibrio depende nuestra salud.⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
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Imaginemos, como lo describen los yoguis, que en su base se aloja una serpiente —kundalini— que va subiendo en forma de espiral alrededor de nuestra columna y que arrastra consigo las energ√≠as del nivel inmediatamente inferior. De este modo, cada centro incluye al anterior y lo trasciende. Y es por eso que desde esta perspectiva podemos encontrar que la dimensi√≥n espiritual se nutre de la materialidad del centro bajo y a su vez √©ste la provee de la energ√≠a que hace posible su funcionamiento.⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
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Iniciaremos este viaje por las siete dimensiones del ser, desde el chakra bajo hasta el coronario, y describiremos c√≥mo el fluir de esta energ√≠a despierta progresivamente a su paso las potencialidades que tenemos para desarrollar en nuestro camino de transformaci√≥n personal a lo largo del embarazo.⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
Los ejercicios para movilizar la energ√≠a de cada centro que propondremos est√°n orientados a cargar o descargar la zona de su influencia seg√ļn √©sta se encuentre desvitalizada o con un exceso de tensi√≥n. En ambos casos estamos ante un desequilibrio que impide su saludable flujo.⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
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A lo largo de las clases, conoceremos la ubicaci√≥n de cada centro y su manifestaci√≥n en el nivel correspondiente de la personalidad, en la vida en general y en la perinatalidad en particular. Propondremos para cada dimensi√≥n temas de reflexi√≥n, muchos de los cuales ser√°n movilizados a partir de ejercicios corporales localizados por zonas. Su objetivo es actuar como disparadores para abordar cuestiones que quiz√° puedan colaborar para vivir el embarazo de una manera menos mec√°nica y permitan as√≠ recuperar su significado vital trascendente. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
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Tobi Natal



Extractos tomados del libro de Viviana Tobi 
"El embarazo transformador", Editorial Paid√≥s

Adquir√≠ el libro en formato digital a trav√©s de este link: 
https://drive.google.com/file/d/1yDRwQffvxiJuJQEs2Vh_aEUv7FKoKn0Y/view



6 de julio

Recursos para modificar nuestro estado de conciencia 

Si bien nuestra conciencia puede cambiar de estado en forma espont√°nea en situaciones particulares —contemplar la magnificencia de la naturaleza, escuchar m√ļsica, bailar hasta el √©xtasis—, existen t√©cnicas a trav√©s de las cuales estos estados pueden ser inducidos voluntariamente.

¨      La respiraci√≥n es una de las herramientas m√°s poderosas para alterar nuestra percepci√≥n. Cambiar conscientemente su ritmo puede relajarnos al aquietar nuestra mente, as√≠ como tambi√©n puede hacernos experimentar cambios en nuestras sensaciones corporales.
¨      Por otro lado, visualizar im√°genes produce alteraciones en nuestro funcionamiento fisiol√≥gico, ya que nos hace sentir en el cuerpo aquello que estamos viendo con la mente.
¨      El movimiento es otro recurso que puede hacernos cambiar de estado de conciencia. Es com√ļn sentirse como flotando, despu√©s de cierto tiempo, cuando salimos a correr. Lo mismo que sucede con los efectos del baile, con sus ritmos reiterativos, que experimentan los j√≥venes en las discos, lo que los lleva a sentir nuevas sensaciones m√°s all√° de cualquier otro est√≠mulo de alcohol o drogas con los que a veces busquen acompa√Īar la experiencia.

Utilizar estos tres recursos —la respiraci√≥n, las im√°genes y el movimiento— para el trabajo de parto nos permitir√° vivirlo en un estado diferente, un estado que, en lugar de “dis-traernos”, como se nos sugiere muchas veces que hagamos, nos ayudar√° a “traer-nos” y “con-centrarnos” en los poderes de nuestra “corpo-mentalidad”.




29 de enero

Centro Coronario - La dimensión espiritual
La dimensión espiritual está relacionada con el centro coronario o Sahasrara. Este centro nace detrás del punto medio de la cabeza, donde se halla la glándula pineal, y se abre hacia la coronilla. Es allí donde la humanidad ha representado simbólicamente la espiritualidad de una persona. Podemos verla dibujada como una aureola en los santos o también como la corona del rey, cuya autoridad es considerada de origen divino. Es la puerta de entrada de la energía cósmica, y el lugar hacia donde debe dirigirse la energía de los demás centros para encontrarse en unidad con lo infinito. Simboliza el mundo espiritual, que lo abarca todo de manera ilimitada, en el cual la conciencia queda libre de fronteras.
El milagro de nacer a otra vida Parir es poner al mundo en movimiento al traer a √©l nuevos seres. En cada nacimiento se renueva la historia de la humanidad. Pero nacer es tambi√©n comenzar a morir, as√≠ como morir es, de alg√ļn modo, nacer a otra vida. El pasaje de uno a otro estado ha sido objeto de diversas interpretaciones en diferentes religiones y culturas a lo largo de la Historia de la humanidad. Y no han sido pocos los pensadores para quienes la pregunta por los or√≠genes y por la muerte ocup√≥ un lugar central en sus teor√≠as filos√≥ficas. En nuestra cultura, sin embargo, el contacto con el tema de la muerte suele evitarse. Asociamos la idea a la enfermedad, y no disponemos de recursos para acercarnos a ella como una experiencia inherente a la vida. No existe en nuestro medio una educaci√≥n para la muerte, como tampoco la hay para el nacimiento.

23 de enero
Centro Frontal - La dimensi√≥n mental 

Esta semana estaremos trabajando con el Centro Frontal que se relaciona con la dimensi√≥n mental. Si lo imaginamos como una flor, el tallo de este centro se encuentra en el punto medio de la cabeza —donde se halla la hip√≥fisis— y su corola se abre en el entrecejo. Es conocido como el “tercer ojo”.
Está asociado a la intuición, las percepciones extrasensoriales y la capacidad creativa. Es sede del pensamiento abstracto, filosófico.
Este centro, así como el coronario, no se activan mediante movimientos corporales, sino a través de ejercicios de respiración, relajación, visualizaciones y, fundamentalmente, la meditación. Estas actividades modifican el ritmo habitual de nuestro funcionamiento cerebral.
Existen cuatro tipos de ondas cerebrales: las ondas Beta (de 13 a 26 ciclos por segundo), que corresponden al estado de vigilia y los ojos abiertos; las Alfa (de 8 a 13 ciclos por segundo), que se producen con los ojos cerrados y el cuerpo relajado, y con cuyo entrenamiento se logra una sensaci√≥n de calma y de relajaci√≥n alerta; las Theta (entre 4 y 8 ciclos por segundo), en que se ingresa en una relajaci√≥n m√°s profunda o en el sue√Īo y se pierde la noci√≥n espaciotemporal, y las ondas Delta (entre 1 y 4 ciclos por segundo), que corresponden al estado del sue√Īo profundo o inconsciencia. Si superamos la frecuencia de las ondas Beta, entramos en un estado de estr√©s y confusi√≥n.
Es a trav√©s de la actividad de este cendro que podemos transitar desde los estados de vigilia, propios de las ondas Beta, a los m√°s lentos, en los que la conciencia accede a otro tipo de experiencias, como aquellas que ocurren en los estados de enso√Īaci√≥n y de trance, y tambi√©n en las comunicaciones telep√°ticas. Los estados contemplativos ayudan a poner en juego las ondas de m√°s baja frecuencia.


“Estar en la luna” llena
 Cuando vemos a una embarazada —como la llam√≥ Juan Manuel Serrat, “esa muchacha en flor, por la que anduvo el amor regalando simiente”—, sentimos muchas veces que est√° en otro mundo, como si hubiera abandonado √©ste que los dem√°s habitamos, para contactarse con una realidad m√°s sensible, en comuni√≥n con energ√≠as m√°s sutiles. Tal vez sea √©sa la condici√≥n necesaria para que su cuerpo pueda albergar a un ser tan vulnerable como lo es el embri√≥n en formaci√≥n, y estar en sinton√≠a con lo que representa la pulsaci√≥n m√°s elemental de la vida humana.
Cuando vemos a una embarazada —como la llam√≥ Juan Manuel Serrat, “esa muchacha en flor, por la que anduvo el amor regalando simiente”—, sentimos muchas veces que est√° en otro mundo, como si hubiera abandonado √©ste que los dem√°s habitamos, para contactarse con una realidad m√°s sensible, en comuni√≥n con energ√≠as m√°s sutiles. Tal vez sea √©sa la condici√≥n necesaria para que su cuerpo pueda albergar a un ser tan vulnerable como lo es el embri√≥n en formaci√≥n, y estar en sinton√≠a con lo que representa la pulsaci√≥n m√°s elemental de la vida humana.
La mujer embarazada se halla con una natural apertura de conciencia. Y en este momento de su vida, desarrolla con facilidad sus capacidades intuitivas. Es como si hubiera despertado en ella el llamado “sexto sentido”, el cual le hace vivir experiencias no siempre explicables racionalmente. Sus percepciones trascienden muchas veces el orden de los sentidos y es capaz de experimentar cosas que los dem√°s no alcanzan a interpretar.
Cuando puede aprovechar estas capacidades logra ingresar en un nivel de conciencia que desconoc√≠a de s√≠ misma, al que algunas personas acceden s√≥lo en estados de trance inducidos, o bien por sugesti√≥n hipn√≥tica o por el efecto de sustancias qu√≠micas o alucin√≥genas. 

La comunicaci√≥n estrecha que mantiene con su hijo agudiza la percepci√≥n de sus sensaciones, que son cada vez m√°s finas hasta llegar a niveles extrasensoriales. Es conocido el caso de algunas futuras mam√°s que han sido capaces de detectar la existencia de alg√ļn problema en su beb√© antes de que el propio m√©dico lo diagnosticara. Y aunque no se animen a confesarlo, muchas se vinculan regularmente con sus hijos y reciben de ellos respuestas directas a sus pensamientos y emociones. Saben que otro tipo de “di√°logo” es posible, y numerosos estudios cient√≠ficos recientemente aparecidos sobre el impacto que tienen en el beb√© las ideas y emociones de su mam√° no hacen m√°s que confirmar lo que desde tiempos inmemoriales ellas ya conoc√≠an: que existe una comunicaci√≥n mam√°-beb√© intrauterina que circula por canales diferentes de aquellos correspondientes a los “sentidos comunes”.

Es que en esta etapa se despliega en la embarazada una variedad de procesos inconscientes que la colocan en lo que la psicoanalista francesa Catherine Bergeret- Amselek ha denominado un “estado de transparencia ps√≠quica”, un estado que hace que muchas de las experiencias que permanecen habitualmente ocultas emerjan con facilidad y queden disponibles a la conciencia.
Muchas embarazadas comentan con sorpresa haber incrementado su actividad on√≠rica, como si se hubiera abierto en ellas el acceso al mundo de los sue√Īos al levantarse el velo que imped√≠a verlo y tornarlo por primera vez trasl√ļcido. El embarazo mismo es vivido en ocasiones como un estado de enso√Īaci√≥n, en el que la conciencia recorre nuevos caminos. Se ingresa en un universo de l√≠mites borrosos. Algunas mujeres, al tratar de describir esa sensaci√≥n de no poder concentrarse o responder del mismo modo a los requerimientos cotidianos, dicen sentirse como si estuvieran “en otro mundo”. Surge una nueva manera de vivir la realidad, “esa realidad aparte” de la que hablaba el antrop√≥logo latinoamericano Carlos Castaneda, donde se inaugura una conexi√≥n de calidad diferente con las cosas, las emociones y las personas, y en la que no s√≥lo las palabras resultan innecesarias, sino tambi√©n la presencia f√≠sica del otro.


Ser protagonista de la creación de una nueva vida puede iniciar a una mujer en el camino de la creatividad. Es un momento ideal para sacar afuera a la artista que está adentro de cada una.


Los antiguos tratados hind√ļes sobre el amor describen 64 artes, y sugieren que todos los individuos deber√≠an desarrollar la mayor cantidad posible de √©stas a fin de cultivar una actitud creativa y aprovechar las posibilidades de la mente. Si bien estas artes han ido cambiando con cada √©poca, la humanidad siempre ha encontrado en ellas una forma de expresarse.
La embarazada necesita potenciar estas energ√≠as emprendiendo actividades que la ayuden a expresarse; como el canto, la m√ļsica, la pintura o la poes√≠a. Las manualidades y las artesan√≠as son tareas muy frecuentes en esta √©poca, y las mujeres tejen sus sue√Īos al crochet o decorando el cuarto de su beb√©.
Lamentablemente, la sociedad de consumo a veces invade este espacio tan √ļnico con ofertas coloridas, y el tiempo de embarazo se escurre en recorrer vidrieras o shoppings que inhiben la aptitud creativa femenina haciendo que todo termine en la compra de productos enlatados. M√°s all√° de inquietarnos, ser√≠a importante destinar un tiempo para convocar y cultivar estos estados de excepci√≥n, a fin de preservarlos de los ritmos vertiginosos en los que habitualmente vivimos.

El llamado del beb√© a transitar otros niveles de percepci√≥n puede servirnos de gu√≠a. Privilegiar la actividad de nuestro hemisferio derecho —sede de percepciones m√°s globales, de la intuici√≥n, de la vida emocional, de lo femenino— por sobre el izquierdo —l√≥gico, racional— puede contribuir a emprender este camino inici√°tico de expansi√≥n de nuestra conciencia. No lo desaprovechemos




15 de enero

Centro Laríngeo - La dimensión cognitiva

Esta semana estaremos trabajando el Centro Lar√≠ngeo que corresponde a la dimensi√≥n cognitiva. Comprende la zona del cuello, los hombros y el rostro, y se extiende por la parte externa de los brazos hasta la yema de los dedos, que es por donde investigamos t√°ctilmente el mundo.
Dado que en él se alojan también la boca, la nariz, los oídos y los ojos, abarca los cinco sentidos, los cuales constituyen la primera puerta de entrada al conocimiento intelectual, las vías de comunicación con el pensamiento racional, y su manifestación a través de la palabra, la mímica, la escritura, y la realización de cualquier tarea manual y de cualquier técnica que hayamos incorporado.
Es decir que este centro se relaciona con la expresi√≥n de lo aprendido, y su funci√≥n, al filtrar la informaci√≥n que nos llega tanto de los niveles superiores supraconscientes como de aquellos inferiores correspondientes al mundo instintivo emocional, es controlar la vida ps√≠quica y someterla a las leyes de la l√≥gica. Es con el que construimos nuestras creencias, que son aquellos supuestos desde los cuales observamos el mundo en el que vivimos y condicionamos, en forma autom√°tica, nuestros afectos y nuestras conductas. 
Es tambi√©n el responsable de mantener nuestro equilibrio. Act√ļa como un punto de pasaje ya sea al inhibir o al permitir el libre flujo de las energ√≠as que circulan por nuestra unidad cuerpo-mente.
En su expresión más cargada, este centro promueve, por un lado, actitudes muy rígidas, de máximo control y autoexigencia, y en el otro extremo, es decir si está desvitalizado, dificulta la posibilidad de poner límites y de asumir responsabilidades.
A esta dimensi√≥n le  corresponden algunas cuestiones que pueden facilitar o entorpecer la experiencia de parto, como son el control o el descontrol, la relaci√≥n con la incertidumbre y con la espera, con las exigencias, los modelos de parto, los mitos y los prejuicios, la elecci√≥n de las condiciones para parir y la responsabilidad de informarse sobre los derechos y la comunicaci√≥n con el equipo m√©dico. Todas ellas contribuyen a desarrollar nuestra capacidad cognitiva, necesaria para decidir responsablemente c√≥mo, cu√°ndo, d√≥nde y con qui√©n parir, y por otro lado para reconocer las variables que humanamente no nos es posible controlar.



Los modelos y las exigencias

Muchas veces, el parto es tomado como un examen, y hasta hay mujeres que le preguntan al m√©dico una vez que parieron: “Doctor, ¿c√≥mo me port√©?”, como diciendo “¿qu√© nota me saqu√©?” a la espera de su aprobaci√≥n. A veces lo hacen con sus m√©dicos, a veces con sus maridos, a veces con el grupo en el que participan de la preparaci√≥n. Pero un parto no deber√≠a concebirse como si se tratara de un examen, sino m√°s bien como una experiencia vivida con las posibilidades que la mujer tenga en ese momento.
Esta sensaci√≥n se acent√ļa en algunos casos m√°s que en otros, pero la experiencia interna de ser juzgada —m√°s que juzgada, calificada— por otro es muy curiosa. Algunas mujeres sue√Īan que est√°n rindiendo un examen y que en ese momento, en lugar de mostrar sus conocimientos o presentar lo que saben, nace el beb√©. A veces aparece una situaci√≥n de competencia, que se expresa en frases como “yo quiero parir de equis manera porque mi vecina o mi amiga pari√≥ de este modo, o la primera esposa de mi marido lo hizo y yo no puedo ser menos que ella”, como si el parto se transformara en un bien de consumo, algo que hubiera que atravesar de tal o cual manera para competir con otros.

Hay mujeres que viven el parto como una competencia en la que se comparan o ponen a prueba con otra mujer (su propia mam√°, la cu√Īada, una amiga, la primera esposa del marido). Pero un parto es una experiencia muy personal, ya que representa el modo particular en que nos separamos de nuestro hijo.


Cada una tiene su propia manera de separarse de su hijo, pues es eso, en todo caso, lo que significa un parto. Sentimos infantilmente que las transgresiones como gritar “merecen un aplazo y perturban a la mesa examinadora”. Creo que est√° en cada una encontrar su manera de superar esta dependencia.
Merecemos el parto que hayamos tenido: por v√≠a baja o por ces√°rea, fue lo mejor que hemos podido hacer con los recursos con los que cont√°bamos en ese momento y con la presencia singular que tuvo ese ni√Īo que lleg√≥ al mundo. Porque no debemos olvidar que en este proceso no s√≥lo participan una mujer y el futuro pap√°, sino tambi√©n un beb√©, que le imprime a ese instante su caracter√≠stica particular.
A veces, la omnipotencia con la que se prepara la mujer que participa de alg√ļn curso de psicoprofilaxis le hace sentir que es como si hubiera sacado un seguro. Dice por ejemplo: “Yo hice todo bien, hice el curso, no falt√© nunca, ¿por qu√© fui a ces√°rea?”. No incluye las variables que tienen que ver con el beb√©, con la vida emocional, con el contexto social, econ√≥mico, geogr√°fico, y muchos otros factores que influyen en el momento del nacimiento. Se pueden incluir variables espirituales, c√≥smicas, y de cualquier otra √≠ndole.
Reducir el fenómeno del nacimiento a uno estrictamente individual, emocional o fisiológico es achicar la perspectiva de algo mucho más abarcativo, que incluye todos los niveles, y genera una presión muy alta en la mujer que la hace sentir que todo depende exclusivamente de ella. Entonces, deberíamos poder reconocer, con menos omnipotencia y más humildad, que formamos parte de una de las tantas experiencias que están involucradas en el acto del nacimiento y del parto, que protagonizamos como mujeres. Contribuimos en el hecho activo de parir, pero es nuestro hijo el que nace. Necesitamos aceptar y reconocer ese primer acto de libertad del ser humano que es nacer.



9 de enero 


Centro card√≠aco - La dimensi√≥n afectiva

La dimensión afectiva se relaciona con el centro cardíaco. Su tallo se ubica en la columna dorsal alta y se abre en el pecho a la altura del corazón. Abarca también los brazos y las palmas de las manos.
El coraz√≥n simboliza la entrega, el amar y ser amado. Las enfermedades cardiovasculares han sido vinculadas con problemas de √≠ndole afectiva mucho antes de que se conociera la medicina psicosom√°tica. Al dar la mano —proyecci√≥n de nuestro pecho—, estamos expresando amistad y confianza. Esa zona corporal tambi√©n representa voluntad de acci√≥n y afirmaci√≥n de la personalidad, como cuando se nos pide “sacar pecho” para enfrentar una dificultad. As√≠ el amor, la voluntad y la afirmaci√≥n son los s√≠mbolos del centro card√≠aco, pero tambi√©n podemos ver su manifestaci√≥n en conductas como el rechazo, la competencia o la exclusi√≥n del otro. En definitiva, este centro comprende todos los sentimientos que surgen en nuestra vida de relaci√≥n.
Durante el embarazo, la mujer suele encerrarse en su mundo interno. Por lo tanto, el trabajo correspondiente a la dimensión afectiva consistirá en confrontarse con el mundo externo, revisar cada uno de sus vínculos (la pareja, la familia, los amigos, su entorno laboral) y tratar de ampliar la perspectiva con la que construyó su trama relacional, a fin de enriquecer la comunicación tanto con sus interlocutores habituales como en el nuevo diálogo con el bebé.
Esta etapa de la vida es una gran oportunidad para desarrollar nuestra capacidad de dar, de brindarnos a los demás y, fundamentalmente, de abrirnos al nuevo ser que estamos gestando. Abrir significa soltar, aprender a dar y a recibir, todo lo cual, a la vez, fortalece nuestra autoestima, nuestra confianza y la afirmación de nuestro yo. También nos ayuda a desarrollar la voluntad, la solidaridad y la compasión.




¿Es el amamantamiento una elecci√≥n o un deber?

Desde el punto de vista fisiol√≥gico, nuestro cuerpo de mujer est√° preparado para amamantar. Pero dar de mamar es una experiencia que va mucho m√°s all√° de una funci√≥n biol√≥gica, en la medida en que se juega en un escenario corporal —el de nuestros pechos— comprometido con nuestro erotismo y nuestra sexualidad, que involucra la relaci√≥n con un otro —nuestro hijo—, que afecta nuestro v√≠nculo de pareja, que condiciona nuestras relaciones familiares y sociales y nuestros compromisos laborales. Adem√°s es un proceso altamente determinado por condiciones geogr√°ficas, socioecon√≥micas y culturales.
Actualmente, en los medios urbanos, las mujeres no tienen un contacto previo directo con la experiencia de dar de mamar. A diferencia de otras comunidades, en las que las ni√Īas, por crecer en el seno de familias numerosas, iban aprendiendo naturalmente el arte de amamantar, la mujer de hoy no cuenta con ese saber transmitido por sus pares y sus mayores y, la mayor√≠a de las veces, necesita de una orientaci√≥n y de una informaci√≥n que la ayuden a ir superando las dificultades naturales que suelen presentarse.
Es com√ļn considerar que, por tratarse de un proceso natural, no vamos a tener ning√ļn problema. Sin embargo, muchas de nuestras conquistas culturales, las nuevas exigencias que se nos imponen como mujeres y la falta de una adecuada educaci√≥n y acompa√Īamiento hacen del amamantamiento un proceso complejo. A veces la mujer no puede amamantar y eso le hace sentir culpa. Cree que s√≥lo a ella le pasa y que no tiene “pasta para ser madre”. O si su mam√° tampoco pudo, piensa que lo suyo es un “mal hereditario” (lo cual es un error). Tambi√©n puede ocurrir que su pareja se sienta desplazada o invadida por la presencia continua de las mamadas, o que ella trabaje todo el d√≠a y no consiga organizarse con recursos como los de colectar su leche y almacenarla en el freezer. O que la cantidad de leche sea insuficiente. Los casos pueden ser muy variados y la culpa no ayuda a mejorar las cosas.
La ayuda de alguien con experiencia se hace muy necesaria. No se trata de que nos den la receta, porque la lactancia es un proceso de dos, muy personalizado, muy vincular, donde lo que funciona bien para una mamá no funciona para otra. Se trata de pistas que nos orienten en algunas situaciones difíciles.
Por otra parte, la aparición en el mercado de leches sustitutas de la materna colocan a la mujer frente a la responsabilidad de decidir por el tipo de alimentación a ofrecer a su cría. Es innegable la superioridad de la leche humana sobre la artificialmente maternizada para el cachorro recién nacido, pero ante la imposibilidad de amamantar, ya sea por motivos emocionales como por cualquier otro tipo de limitaciones, hay que pensar que dar una mamadera con un abrazo afectuoso puede brindarle a nuestro hijo los nutrientes más importantes que necesita para crecer.
Si la mujer cuenta con información adecuada, podrá sentirse libre para elegir dar o no de mamar.
Algunas campa√Īas de organizaciones que defienden la lactancia natural promueven el amamantar, y aunque esta promoci√≥n sea bienintencionada, genera en las mujeres mucha presi√≥n. Sin embargo, creo en el poder de alentar y acompa√Īar sin obligar, sin imposiciones que cataloguen la decisi√≥n de amamantar como “buena” o “mala” . No se puede desconocer la historia familiar, psicosexual, de pareja, laboral o profesional ni el contexto socioecon√≥mico en el cada mujer vive.
En el amamantamiento no s√≥lo se pone en juego la alimentaci√≥n del hijo, sino tambi√©n el v√≠nculo amoroso que se crea con la mam√°, y ninguna relaci√≥n amorosa puede ser planteada en t√©rminos de obligaci√≥n. Sin embargo, somos conscientes del riesgo nutricional al que est√° expuesta gran parte de nuestra poblaci√≥n, por lo que nuestro desaf√≠o como profesionales es acompa√Īar a todas las mujeres a llevar una lactancia exitosa, que garantice tambi√©n su salud psicol√≥gica al escuchar sus posibilidades emocionales y favorecer las condiciones para que √©sta sea posible.

Algunas décadas atrás eran muy comunes las familias numerosas, y el hecho de compartir la vivienda implicaba que siempre hubiera una mujer amamantando. En cambio hoy, fundamentalmente en las grandes ciudades, la experiencia del amamantamiento es más acotada, menos espontánea y no se vive de modo tan natural, lo que muchas veces obliga a la mujer a buscar asesoramiento.



2 de enero de 2018

Cuando las emociones se desbaratan

La dimensión emocional


El Centro medio se relaciona con la dimensi√≥n emocional. Este centro est√° localizado en la zona de la cavidad abdominal, la que en el embarazo es abarcada por el √ļtero en crecimiento. Su tallo se sit√ļa en la columna dorsal baja, a la altura de la sexta v√©rtebra, y sus p√©talos se abren en el epigastrio o boca del est√≥mago, por sobre el ombligo.
Este centro est√° relacionado con la vida emocional, llamada “maya” por los yoguis, y que en s√°nscrito significa “ilusi√≥n”, lo cual alude a la fatuidad y la inconsistencia de las emociones, que a diferencia de los sentimientos —verdaderas construcciones de la dimensi√≥n afectiva—, constituyen una experiencia pasajera. En permanente estado de cambio bajo el influjo de los est√≠mulos externos, las emociones se manifiestan a trav√©s de respuestas motoras. Es as√≠ como los est√≠mulos son transformados en movimiento y expresi√≥n.
A este centro le corresponde el plexo solar, y los √≥rganos que comprende son aquellos del aparato digestivo: el est√≥mago, el duodeno, el intestino y el p√°ncreas, todos vulnerables a las emociones y con gran tendencia a responder a las presiones ambientales con perturbaciones sintom√°ticas, lo cual constituye muchas de las llamadas enfermedades psicosom√°ticas. Expresiones coloquiales como: “me pate√≥ el h√≠gado” o “tengo un nudo en el est√≥mago” sin dudas remiten a este tipo de malestares.


Emocionarse de dolor 

Como las dem√°s emociones, la del dolor no existe como sustancia fuera de quien la experimenta. Cuando decimos “me” duele, nos referimos a esa experiencia que vivimos en nuestra subjetividad, que nos sucede de manera √ļnica e incomparable a aquella que vivencia el otro. Experiencia que, sin embargo, aprendemos culturalmente a significar a lo largo de nuestras vidas.
El antrop√≥logo brit√°nico Desmond Morris plantea en La cultura del dolor: “La experiencia del dolor est√° conformada por fuerzas culturales, por la potencia del g√©nero, la religi√≥n y la clase social. Ciertos estados psicol√≥gicos y emocionales como la culpa, el miedo la ira, la pena y la depresi√≥n lo refuerzan y, a veces, lo crean” (p. ...). No acepta que exista una diferencia entre el dolor f√≠sico y el mental, ya que los considera a ambos como pertenecientes a las experiencias b√°sicas humanas que simplemente vivimos como personas.
¿Por qu√©, entonces, tenemos con el dolor una relaci√≥n de tanto rechazo, aun sabiendo que muchos de los procesos de crecimiento conllevan cierto grado de √©l, y que de los momentos dolorosos en general hemos aprendido mucho de lo que somos? ¿Por qu√© le huimos?
Es la paradoja con la que nos enfrentamos cuando abordamos este tema. Probablemente, agrega Morris, sea su car√°cter misterioso el que lo torne temible al perturbar un mundo al que d√°bamos por cierto. Quiz√° por ello, como humanos, necesitemos interpretarlo, darle un significado personal, y eso nos diferenciar√≠a, seg√ļn este autor, de los dem√°s animales.
No es casual que el miedo al dolor sea uno de los primeros que las mujeres confiesan experimentar frente al parto, y tambi√©n el eje sobre el que se construyeron las cl√°sicas propuestas de preparaci√≥n al parto, como las del “parto sin temor” de G. D. Read o el “parto sin dolor” de F. Lamaze.
Pero el dolor no es una experiencia que alguien tenga derecho a quitarnos, es nuestra, √ļnica y subjetiva, y tendremos que aprender a descifrarla, ya que es parte de nuestra existencia.
Para el pedagogo austr√≠aco Ivan Illich, cada cultura tiene su modo de afrontar el dolor, pero “la civilizaci√≥n m√©dica intenta privar el dolor de su significado personal”. Coincidimos cuando dice que es una experiencia solitaria, intransferible. El dolor abre una pregunta, “es el signo de algo no contestado”. Su valor consiste en poner en marcha nuestras habilidades para enfrentarlo. Al intentar aplacarlo, “la medicalizaci√≥n priva a cualquier cultura de la integraci√≥n de su programa para enfrentar el dolor”. Para Illich, entonces, es la cultura quien hace tolerable el dolor al integrarlo en un sistema significativo. Diferencia el rol que juega en cambio la civilizaci√≥n cosmopolita, que “aparta el dolor de todo contexto subjetivo o intersubjetivo con el fin de aniquilarlo”.
A partir de las ideas que han pensado estos autores, me pregunto por aquellas que podr√≠an ayudarnos a comprender el papel que el dolor desempe√Īa en el tema que nos ocupa especialmente, el del parto.
Lo imagino como un provocador que viene a despertarnos de nuestro letargo vital. Que nos inquieta, nos desestabiliza y nos conmina a construir recursos para enfrentarlo.
Como en toda experiencia de pasaje a un nivel de mayor crecimiento, desaf√≠a nuestra capacidad de crear herramientas con las que a√ļn no cont√°bamos
Nos observa, sigiloso, cómo nos esforzamos primero por evitarlo, luego por elevar nuestro umbral para no percibirlo tan intensamente y, finalmente, por reconocer con humildad nuestra limitada capacidad para someterlo.
Una cultura como la nuestra, tal como plantea Illich, no s√≥lo niega su existencia, sino que tambi√©n nos provee de modelos que nos gu√≠en mientras lo transitamos. As√≠, sin prepararnos para ir a su encuentro, nos sorprende s√ļbitamente en alg√ļn acontecimiento de nuestra vida en el momento mismo en que est√°bamos por dar un nuevo paso. Pero no, no aceptamos caernos y, en lugar de aprender a hacerlo para que la ca√≠da no nos quiebre y poder as√≠ levantarnos y seguir con nuestro vuelo, nos resistimos a atravesarlo y ensayamos toda suerte de estrategias para esquivarlo y, si es posible, aniquilarlo.
Nos vemos de golpe en medio del dolor, extra√Īados por su presencia, y adem√°s nos sentimos estafados en nuestra buena de fe, por haber cre√≠do en un mundo de puros placeres.
No quiere decir esto que nuestro destino sea vivir revolc√°ndonos gozosos en el dolor, procurando atravesar masoqu√≠sticamente la mayor cantidad de situaciones sufrientes. El dolor del que hablamos es aquel que acompa√Īa a todo proceso de cambio, ese que se hace inevitable, al que no podemos renunciar si queremos seguir creciendo. Y cuando pretendemos silenciarlo, usamos las energ√≠as que necesitamos para poder disfrutar de los placeres e intensidades.
El dolor de la vida es el que nos puede ense√Īar. El que nos transforma al hacernos desarrollar las habilidades necesarias para acompa√Īarlo.
El dolor del parto puede convertirse en una oportunidad para que se abra en nuestro cuerpo la pregunta que nos interpela. Para estimularnos a desarrollar conductas, ideas, emociones y actitudes con las que probablemente no contábamos hasta el momento. Respetémoslo, no lo descartemos de entrada. Démosle la oportunidad de mostrarnos el camino. Aunque no es imprescindible para que nazca nuestro hijo, puede serlo para que nazcamos nosotras a una nueva vida.


Si comprendemos que el dolor es parte de nuestro mundo emocional, reconoceremos que, al suprimirlo, estaremos también inhibiendo el flujo de otras emociones y terminaremos privándonos de aquellas que consideramos placenteras.



26 de Diciembre

Centro Lumbosacro - La dimensión sexual

La dimensi√≥n sexual se relaciona con el centro lumbosacro. Su tallo se ubica en la columna lumbar y sus p√©talos se abren en el pubis, a la altura de los genitales. Abarca la zona de la pelvis, y se extiende por las ingles y la parte delantera de las piernas, los empeines y los arcos de los pies.
Swadishtahana se relaciona con la vida instintiva en general, y con la sexualidad, la seducci√≥n y el movimiento del cortejo en particular. Su funci√≥n es coordinar y distribuir la energ√≠a que llega del centro bajo hacia los centros superiores.

Cuando la energía de este centro está bloqueada, la circulación se interrumpe y el buen desarrollo de la sexualidad y la salud se ve perturbado. Las rigideces de este centro se manifiestan en dolores lumbares, ciática y problemas en los meniscos y en los arcos de los pies.

Mitos en torno a la sexualidad de la mujer embarazada

Para las mujeres que habitualmente disfrutan de su cuerpo y que est√°n m√°s en contacto con sus sensaciones, el embarazo brinda una oportunidad de gozar su sexualidad ya que despierta aun m√°s sus capacidades sensibles.
Pero tomando la sexualidad en un sentido relacional, hay parejas muy inhibidas durante esta etapa: hombres que no se sienten atra√≠dos por sus mujeres en este estado o que est√°n muy poco motivados sexualmente, y tambi√©n mujeres que frente a un hombre algo intimidado se tornan m√°s deseosas y con mayor iniciativa, lo cual da lugar a un juego de roles complementarios. Hasta ocurre que algunos varones presentan episodios de impotencia y de disfunciones erectivas durante el embarazo de su compa√Īera porque sienten la potencia y el poder de ella en disparidad con los propios, y reci√©n consiguen recuperar su capacidad er√©ctil en el posparto, cuando ellas se encuentran agobiadas por el trabajo de atender al beb√© y con ojeras debido a la falta de sue√Īo.
Hay preguntas que muchas veces ni el médico obstetra se ha atrevido a enfrentar abiertamente. Por ejemplo, si se lo consulta por la restricción o no de las relaciones sexuales, en caso de que sean contraindicadas nunca se puntualiza cuál de las prácticas sexuales es específicamente alcanzada por dicha restricción. De ahí que muchas veces las parejas terminan renunciando incluso hasta al contacto.
El af√°n puesto en un buen desarrollo del trabajo de parto y en la atenci√≥n del reci√©n nacido hace desviar la mirada de la relaci√≥n de la futura madre con el futuro padre, y del fortalecimiento del v√≠nculo de la pareja como el mejor sostenedor en la construcci√≥n de la nueva familia. Como si una vez cumplido su cometido como reproductora y mantenedora de la especie, la sexualidad debiera replegarse           hasta encontrar nuevamente una v√≠a de expresi√≥n aceptada y privilegiada a trav√©s de otra concepci√≥n.

El hecho de que no se la prestigie como debiera tal vez obedezca a que su ejercicio durante el embarazo pone en evidencia su independencia de lo reproductivo y deja al descubierto su importancia para el intercambio del placer entre un hombre y una mujer. Cuesta entonces comprender al embarazo como la mayor manifestación de la sexualidad de una pareja, y a ésta compartiendo el ámbito de lo materno.

Aparecen los mitos de la mujer embarazada semivirgen, asexuada, convalidados hasta hace muy poco por una moda de ropa casi infantil, inocente, que en lugar de resaltar las nuevas ondulaciones se empe√Īaba en ocultarlas tras un mono. Ni siquiera se ve√≠an fotos en revistas o pel√≠culas que ayudaran a construir una imagen de mujer sexual como las que pod√≠an verse en cualquier escena er√≥tica. Y si alguien se atrev√≠a a encontrarla atractiva, desnudando fantas√≠as debajo de j√ļmperes grandes como carpas y de retratos de rom√°nticas im√°genes sobre una mecedora, se lo consideraba un perverso sexual. Para las embarazadas s√≥lo quedaba la ternura, el afecto, los antojos, los dulces, los mimos, las concesiones, los privilegios. Como me dijo una vez una embarazada: “¿Y con la calentura qu√©?”.
Si revisamos algo de la fisiolog√≠a durante la gestaci√≥n, nos encontramos con una excitaci√≥n aumentada por la vasodilataci√≥n de la pelvis, un incremento de la lubricaci√≥n vaginal a partir del tercer mes, un mayor desarrollo de la llamada plataforma org√°smica debida a una mayor vascularizaci√≥n de la zona, la aparici√≥n de orgasmos m√ļltiples aun cuando antes no se hubieran manifestado, y hasta una carga sexual constante, que mantiene vivo el deseo todav√≠a despu√©s de la etapa de resoluci√≥n del orgasmo, ya que la descarga es m√°s lenta y no alivia tan eficazmente la tensi√≥n.
Si todo esto est√° sucediendo en el cuerpo de la mujer, ¿por qu√© ser√° que muchas no sienten deseo, o lo ven disminuido, especialmente en el primer y tercer trimestres?
Estamos nuevamente frente a un fen√≥meno en el que todos los factores intervienen simult√°neamente, ya que adem√°s de las condiciones arriba mencionadas existen circunstancias que inhiben el deseo, como los t√≠picos s√≠ntomas de los primeros meses: aumento del sue√Īo, fatiga, sensaci√≥n de n√°useas, adaptaci√≥n al nuevo esquema corporal con las emociones que esto despierta, el no encontrar la posici√≥n adecuada para hacer el amor, la necesidad de replegarse sobre s√≠ misma, y los cambios humorales causados por la impregnaci√≥n hormonal.
Por otro lado, a la mujer le cuesta conciliar su nueva imagen de madre con la de una mujer deseante. En su fantasía infantil, las madres no tienen, actividad sexual.

Tambi√©n el hombre vive momentos de cambio. Se enfrenta con su paternidad, con sus miedos; se siente a veces excluido de esa relaci√≥n corporal tan estrecha entre su hijo y su mujer y no sabe c√≥mo incluirse. Teme que la penetraci√≥n del pene en la vagina pueda da√Īar al beb√© o desencadenar en su mujer el trabajo de parto; se asusta de sus propias sensaciones si descubre el erotismo en la maternidad de ella. Se pregunta si no afectar√° su sexualidad presenciar el parto de su mujer durante el nacimiento de su hijo. Se encuentra frente a un cuerpo distinto, al que desea, pero a la vez al que teme recorrer, probablemente porque, con su car√°cter maternal, le despierte fantas√≠as ed√≠picas que lo angustian.

Hombre y mujer atraviesan una crisis que, entendida como riesgo y oportunidad al mismo tiempo, los enfrenta con la posibilidad de enriquecer la sexualidad que tenían hasta entonces. Es el momento de ampliar las posibilidades de contacto, de recuperar zonas de pacer olvidadas, o tal vez desconocidas, de probar nuevas vías de gratificación (con la boca, con las manos o en otras posiciones). El ya innecesario cuidado anticonceptivo también es un factor que predispone a un encuentro sexual más espontáneo.
Las dificultades y hasta las posibles contraindicaciones médicas para un coito con penetración pene-vagina pueden transformarse en un verdadero desafío para la creatividad de los dos. También lo es encontrar posiciones coitales en las que se pueda regular la profundidad de la penetración.
Descontraer la pelvis y ondular las caderas est√° facilitado ahora por la relaxina (hormona que flexibiliza las articulaciones atendiendo las necesidades del parto) y es una buena oportunidad para desplegar en el juego sexual.
El aumento en el tama√Īo de los pechos es para muchas parejas fuente de excitaci√≥n, aun cuando en el momento del orgasmo puede observarse una p√©rdida involuntaria del control de leche, una evidencia m√°s de lo enlazados que est√°n los procesos de ser mujer-madre y mujer-sexual. En muy poco tiempo el hijo de ambos adquirir√° otra presencia y traer√° sus demandas, exigir√° un tiempo que antes s√≥lo les pertenec√≠a a los dos; el espacio se inundar√° de nuevos olores, nuevos sonidos, tal vez de algunas renuncias, o simplemente postergaciones. Pero m√°s all√° de cuarentenas y sue√Īos mal dormidos, pap√° y mam√°, hombre y mujer, defender√°n ese espacio que aprendieron a conquistar durante los nueve meses de embarazo, y lo preservar√°n, seguros de transmitir a la prole, con la uni√≥n de sus cuerpos, el deseo y el amor por la intimidad.


El orgasmo durante el embarazo 

Estadísticamente, no todas las mujeres han experimentado un orgasmo, pero no es que no puedan sentirlo. Quizás no lo hayan alcanzado, pero estén cerca, y podrían alcanzarlo en la medida en que empezaran a sentirse, a percibir y a conocer más el funcionamiento de sus cuerpos.
El orgasmo femenino es una respuesta refleja a un estímulo que puede tener distintos orígenes, tanto psicológicos, fisiológicos, como específicamente mecánicos. Para que una mujer experimente un orgasmo, más allá de contar con condiciones emocionales favorables, en general hace falta una estimulación directa o indirecta en su clítoris, órgano que por lo general le es poco conocido y del que no se habla demasiado. No hay obstetra o ginecólogo que revise el clítoris, nadie se ocupa de él pues no tiene una función reproductiva, sino sólo una función para el placer. Ni siquiera entra en la educación sexual cuando les contamos a nuestros hijos acerca de cómo son los aparatos genitales femenino y masculino.
Es justamente por ese desconocimiento que muchas mujeres plantean dificultades para alcanzar un orgasmo y relatan haberlo tenido por primera vez durante el embarazo. Es que, al tener más sensaciones, muchas incrementan su curiosidad y descubren así sus genitales, los tocan, se autoestimulan y de este modo llegan a un orgasmo.
Otro motivo es que al haber reducido la cantidad de relaciones sexuales con penetración por temor de lastimar al bebé, de alguna manera ha habido más juego y estimulación directa clitoridiana. Además esta exploración les ha permitido descubrir y ajustar los tiempos con la pareja, así como los ritmos, la regularidad del estímulo y los tipos de toque que predisponen a un orgasmo. A esto se le suma que en este período existe una mayor predisposición para la plataforma orgásmica (es decir, las condiciones fisiológicas necesarias para que éste ocurra).
Sería interesante que la mujer pudiera aprovechar este momento para explorar otros modos de vincularse sexualmente, con más caricias, más estimulación, o quizás no más, pero sí diferente de aquella que tenían regularmente.





18 de Diciembre

Centro Bajo - La energía vital de nuestro cuerpo

La dimensión orgánica

La dimensi√≥n org√°nica se relaciona con el centro bajo o Muladhara. Este centro se localiza alrededor del coxis, en la base de la columna, entre el ano y los genitales, y abarca la zona comprendida por la planta de los pies, la cara posterior de las piernas y los gl√ļteos. Le corresponde el plexo p√©lvico, donde encontramos los √≥rganos de la pelvis menor, el √ļtero en la mujer, la pr√≥stata en el hombre, la vejiga y el recto.
Corresponde a aquellos aspectos de la persona ligados a la materialidad, a la tierra como fuente de la que se nutre, a la fuerza tel√ļrica, a los aspectos m√°s primitivos del ser humano, aquellos que surgen de la manera m√°s salvaje y que lo conectan con su naturaleza animal.

Proporciona energ√≠a a los dem√°s centros y les da la vitalidad, el vigor y la resistencia que necesitan para poder funcionar saludablemente. En este nivel se producen todos los fen√≥menos f√≠sico-qu√≠micos estudiados por la fisiolog√≠a, que se encargan de mantenernos con vida. Se relaciona, fundamentalmente, con el sistema vegetativo, y es el responsable del buen funcionamiento de todos nuestros √≥rganos vitales. 

La alimentaci√≥n en el embarazo 

Construyendo el cuerpo de nuestro bebé

Si tomamos en cuenta que construimos materialmente nuestro cuerpo con lo que comemos, el embarazo es una excelente oportunidad de revisar nuestros hábitos alimentarios, ya que de ellos dependerá nuestra salud y la de nuestro bebé.
Seg√ļn la m√©dica nutricionista argentina Graciela Bianco,* autora del libro Nutrici√≥n a conciencia, “para esta tarea de construir el beb√©, la mam√° necesita formar nuevas estructuras como lo son la placenta y el l√≠quido amni√≥tico. Adem√°s, debe ampliar √≥rganos como el √ļtero y las mamas y aumentar la cantidad de sangre y hormonas circulantes. Todo esto hace que la ganancia de peso al fin del embarazo se distribuya de la siguiente manera:

Nuevas estructuras

Feto.......................................3,500 kg
Placenta.................................0,600 kg
Líquido amniótico...............0,800 kg

Estructuras incrementadas

√ötero......................................0,900 kg
Mamas....................................0,400 kg
Líquidos de retención
Por hormona.........................1,500 kg
Sangre.....................................1,200 kg
Total........................................10 kg**

La distribuci√≥n de la ganancia de peso en el tiempo es aproximadamente de 2 kg en el primer trimestre, en el cual se forma la placenta. En el segundo trimestre el beb√© es el que m√°s crece, produciendo una ganancia de 5 kg de peso. Y en el √ļltimo trimestre se suman 3 kg para completar el desarrollo del beb√© y del l√≠quido amni√≥tico que lo protege y le permite moverse”.
Susana Zurschmitten, nutricionista argentina, autora del libro Sanarnos mediante la alimentaci√≥n, dice: “La nutrici√≥n es la medicina preventiva por excelencia.... Es el pilar fundamental donde se apoya la salud y la posibilidad de crecer sanamente para desarrollar a pleno las funciones f√≠sicas, mentales y espirituales”.
Pero lamentablemente, en el embarazo la preocupaci√≥n por lo general ha estado orientada a medir la cantidad m√°s que la calidad de aquello que ingerimos. De hecho, hasta no mucho tiempo atr√°s se alentaba a la embarazada a “alimentarse por dos”, y hoy la mayor√≠a de mujeres, ya sea motivadas por la tendencia de una moda de la delgadez o por presi√≥n de su m√©dico, siguen muy de cerca su aumento de peso con dietas que las ayuden controlar la cantidad de las calor√≠as que consumen, pero descuidando muchas veces su valor nutricional.
Pero m√°s all√° de lograr manejar el tema del sobrepeso, de fundamental importancia —sobre todo para quienes cuentan con antecedentes de obesidad u otros des√≥rdenes metab√≥licos—, ser√≠a importante que este per√≠odo sirviera para incorporar h√°bitos de alimentaci√≥n m√°s saludables. Tengamos en cuenta que no s√≥lo se est√°n creando las bases de la alimentaci√≥n del hijo por nacer, sino las de todo el grupo familiar.
Por eso, revisar nuestro sistema de comidas dentro del de nuestras vidas es una responsabilidad para ambos miembros de la pareja gestante.
En ese sentido, es conveniente dedicarles alg√ļn tiempo al planeamiento, la elaboraci√≥n y la degustaci√≥n de nuestras comidas. Seleccionar los alimentos que pondremos en nuestro carrito del supermercado puede ser el primer paso para contar con los nutrientes que necesitamos. Aprender a combinarlos por sus propiedades para su mejor aprovechamiento, as√≠ como por sus colores y sus texturas resulta tan importante como crear un ambiente confortable, apacible y atractivo para comerlos.
Hay que considerar que todos los sentidos están involucradas en la experiencia; por lo tanto, comer despacio es la mejor manera de disfrutar no sólo el sabor de cada bocado, sino su aroma, su textura y su color. Seamos conscientes además de que de este modo estaremos satisfaciendo y nutriendo también a nuestro hijo.
Incluimos a continuaci√≥n la informaci√≥n que brinda la licenciada Zurscmitten sobre “alimentaci√≥n saludable” en los talleres para embarazadas, como parte de nuestro programa para parejas gestantes.

 * +Quiero rendirle aqu√≠ mi homenaje ya que a ella le debo aprendizajes muy valiosos que me ayudaron a incorporar a mi vida h√°bitos de alimentaci√≥n m√°s saludables.
** La diferencia para llegar a los 10 kg obedecer√≠a a causas variadas, entre las m√°s comunes la retenci√≥n de l√≠quidos. [N. de la A.]





4 de Diciembre

Centro Coronario - La dimensión espiritual

El Centro Coronario se relaciona con la dimensi√≥n espiritualEste centro nace detr√°s del punto medio de la cabeza, donde se halla la gl√°ndula pineal, y se abre hacia la coronilla. Es all√≠ donde la humanidad  ha representado simb√≥licamente la espiritualidad de una persona. Podemos verla dibujada como una aureola en los santos o tambi√©n como la corona del rey, cuya autoridad es considerada de origen divino. Es la puerta de entrada de la energ√≠a c√≥smica, y el lugar hacia donde debe dirigirse la energ√≠a de los dem√°s centros para encontrarse en unidad con lo infinito. Simboliza el mundo espiritual, que lo abarca todo de manera ilimitada, en el cual la conciencia queda libre de fronteras.

Si bien hemos seguido el orden ascendente en el que son descriptos habitualmente los centros de energ√≠a, hubi√©ramos querido comenzar el recorrido a partir de esta dimensi√≥n, ya que al nacer es nuestra coronilla, a√ļn semiabierta, la primera parte de nuestro cuerpo que ve la luz. El hecho de que no est√© a√ļn sellada podr√≠a interpretarse como una se√Īal de que nuestra conexi√≥n con el orden c√≥smico antecede al enraizamiento que venimos a hacer en este mundo. 

La meditaci√≥n como experiencia m√≠stica 

La técnica por excelencia utilizada para trabajar este centro es la meditación. Ella induce el llamado ritmo Theta de ondas cerebrales, estado de relajación profunda durante el cual se desarrollan los procesos de intuición y la percepción interna. Practicada durante el embarazo, nos permite contactarnos con el milagro de la vida y sus ciclos, y nos brinda conciencia de nuestra unidad con el universo.
Existen diferentes técnicas de meditación, la mayoría de las cuales proviene de Oriente.
Todas ellas, sin embargo, se apoyan en un entrenamiento de la respiración y de la relajación corporal. En realidad, cada persona debe encontrar su propio camino para acceder a ella.
No hay que creer que meditar es solamente sentarse en posición de loto hasta lograr la levitación. Podemos entrar en la experiencia de muchas maneras: en quietud, en movimiento, haciendo ritmos, emitiendo sonidos, danzando, cantando, rezando, etc.
Hay, de todos modos, algunos recursos que pueden facilitarla. Por ejemplo, repetir un mantra o sonido envolvente, moverse reiteradamente con un ritmo parejo, escuchar una melod√≠a armoniosa, dejarse penetrar por los sonidos de la naturaleza —como la ca√≠da del agua o el canto de los p√°jaros—, concentrarse en una serie de n√ļmeros ascendente o descendente que acompa√Īen cada respiraci√≥n, visualizar un color o hasta inhalar ciertos aromas puede abrir las puertas a esta experiencia de sentirse uno con el todo. Elegir por uno o por otro depender√° probablemente de cu√°l de los sentidos sea aquel que privilegiemos para percibir el mundo; tambi√©n influir√°n las circunstancias del momento en que se elija vivir la experiencia.
Sea lo que fuere lo que suceda, la idea es disponerse a un estado de apertura sin esperar un resultado en particular. Abrirse al misterio de un mundo que no manejamos. La palabra “misterio” comparte su ra√≠z con la palabra “m√≠stica”. Tal vez sea √©se el universo en el que ingresemos al abrir los canales de esta conciencia superior. 

Ejercicio n¬ļ 1. Ejercicio de meditaci√≥n: Buscar un lugar y una posici√≥n a gusto. Cerrar por un momento los ojos, centr√°ndonos en la respiraci√≥n, y relajar progresivamente el cuerpo, soltando una parte diferente en cada exhalaci√≥n, desde los pies hasta la cabeza.
Imaginar que por la región superior de la cabeza, por la coronilla, ingresa una poderosa luz blanca, que va recorriendo nuestro cuerpo haciéndonos sentir plenas de un modo totalmente nuevo. Sentirla cálida, resplandeciente, imprimiendo en nuestra vida una luminosidad infinita.
Percibir  c√≥mo la luz trasciende la materialidad de nuestro cuerpo para unirse a la totalidad del universo y, por un instante, imaginarnos formando parte indisoluble del cosmos en el que nuestra conciencia ya no tiene fronteras. No existen barreras de tiempo ni de espacio. Pueden estar all√≠ aquellos que fueron, los que son y los que ser√°n. En ese momento, tratar s√≥lo de ser. Simplemente, ser.
Permanecer en este plano inmaterial algunos minutos más y, luego, regresar al plano terrenal para enraizarnos nuevamente en el nivel físico. Sentir los dedos de los pies, moverlos, también los de las manos.

Ser conscientes de nuestra presencia f√≠sica, y una vez plenamente aqu√≠ abrir los ojos. 





27 de Noviembre

Centro Frontal - La dimensión mental

El Centro Frontal se relaciona con la dimensi√≥n mentalSi lo imaginamos como una flor, el tallo de este centro se encuentra en el punto medio de la cabeza —donde se halla la hip√≥fisis— y su corola se abre en el entrecejo. Es conocido como el “tercer ojo”.

Está asociado a la intuición, las percepciones extrasensoriales y la capacidad creativa. Es sede del pensamiento abstracto, filosófico.
Este centro, así como el coronario, no se activan mediante movimientos corporales, sino a través de ejercicios de respiración, relajación, visualizaciones y, fundamentalmente, la meditación. Estas actividades modifican el ritmo habitual de nuestro funcionamiento cerebral.
Existen cuatro tipos de ondas cerebrales: las ondas Beta (de 13 a 26 ciclos por segundo), que corresponden al estado de vigilia y los ojos abiertos; las Alfa (de 8 a 13 ciclos por segundo), que se producen con los ojos cerrados y el cuerpo relajado, y con cuyo entrenamiento se logra una sensaci√≥n de calma y de relajaci√≥n alerta; las Theta (entre 4 y 8 ciclos por segundo), en que se ingresa en una relajaci√≥n m√°s profunda o en el sue√Īo y se pierde la noci√≥n espaciotemporal, y las ondas Delta (entre 1 y 4 ciclos por segundo), que corresponden al estado del sue√Īo profundo o inconsciencia. Si superamos la frecuencia de las ondas Beta, entramos en un estado de estr√©s y confusi√≥n.
Es a trav√©s de la actividad de este cendro que podemos transitar desde los estados de vigilia, propios de las ondas Beta, a los m√°s lentos, en los que la conciencia accede a otro tipo de experiencias, como aquellas que ocurren en los estados de enso√Īaci√≥n y de trance, y tambi√©n en las comunicaciones telep√°ticas. Los estados contemplativos ayudan a poner en juego las ondas de m√°s baja frecuencia.


Recursos para modificar nuestro estado de conciencia 

Si bien nuestra conciencia puede cambiar de estado en forma espont√°nea en situaciones particulares —contemplar la magnificencia de la naturaleza, escuchar m√ļsica, bailar hasta el √©xtasis—, existen t√©cnicas a trav√©s de las cuales estos estados pueden ser inducidos voluntariamente.

¨      La respiraci√≥n es una de las herramientas m√°s poderosas para alterar nuestra percepci√≥n. Cambiar conscientemente su ritmo puede relajarnos al aquietar nuestra mente, as√≠ como tambi√©n puede hacernos experimentar cambios en nuestras sensaciones corporales.
¨      Por otro lado, visualizar im√°genes produce alteraciones en nuestro funcionamiento fisiol√≥gico, ya que nos hace sentir en el cuerpo aquello que estamos viendo con la mente.
¨      El movimiento es otro recurso que puede hacernos cambiar de estado de conciencia. Es com√ļn sentirse como flotando, despu√©s de cierto tiempo, cuando salimos a correr. Lo mismo que sucede con los efectos del baile, con sus ritmos reiterativos, que experimentan los j√≥venes en las discos, lo que los lleva a sentir nuevas sensaciones m√°s all√° de cualquier otro est√≠mulo de alcohol o drogas con los que a veces busquen acompa√Īar la experiencia.

Utilizar estos tres recursos —la respiraci√≥n, las im√°genes y el movimiento— para el trabajo de parto nos permitir√° vivirlo en un estado diferente, un estado que, en lugar de “dis-traernos”, como se nos sugiere muchas veces que hagamos, nos ayudar√° a “traer-nos” y “con-centrarnos” en los poderes de nuestra “corpo-mentalidad”.

 

T√©cnicas de relajaci√≥n 

Existen muchas t√©cnicas de relajaci√≥n y la mayor√≠a de ellas se centran en la respiraci√≥n. Dos de ellas han sido muy difundidas en Occidente: la de la relajaci√≥n progresiva de Edmund Jacobson (Chicago, 1938), utilizada en medicina desde principios del √ļltimo siglo, y el denominado entrenamiento aut√≥geno, creado por el neur√≥logo berlin√©s Johannes Schultz, 1927. Veamos sint√©ticamente cada una de ellas.

¨      Relajaci√≥n progresiva: Edmund Jacobson propone el control del funcionamiento de la actividad muscular a trav√©s de diferenciar la contracci√≥n de la relajaci√≥n. Para ello, se le solicita al practicante que tensione al m√°ximo un grupo muscular y, luego, lo relaje. La idea que subyace a este m√©todo es que para bajar el estado de ansiedad es imprescindible contar con m√ļsculos relajados. Por ese motivo, esta t√©cnica ha sido utilizada en muchos tratamientos psicol√≥gicos para aliviar la ansiedad y el estr√©s. Sus etapas son las siguientes:
-         Identificar la situaci√≥n estresora.
-         Ubicar d√≥nde se produce la tensi√≥n durante esa escena.
-         Relajar los m√ļsculos que se contraen mientras se recrea y enfrenta la imagen que la produjo.

¨      Entrenamiento aut√≥geno: Schultz basa su m√©todo en las investigaciones de hipnosis de comienzos del siglo XX, las que dominaba muy bien. Seg√ļn sus estudios, es posible llegar a los mismos resultados prescindiendo de la presencia de otra persona (de all√≠ su nombre), ya que la tarea se realiza por autogesti√≥n. Con su m√©todo, busca la transformaci√≥n general del sujeto a partir de ejercicios fisiol√≥gico-racionales, semejantes a las antiguas pr√°cticas hipn√≥ticas m√°gicas.
Las imágenes que se utilizan se basan en el funcionamiento del sistema vegetativo y se aplican en especial a zonas accesibles al conocimiento de todo individuo. Los pasos a seguir se resumen en seis ejercicios que caracterizan el entrenamiento autógeno: pesadez, calor, pulsación, respiración, funcionamiento abdominal y sensaciones en la cabeza. Con ellos se formulan consignas muy precisas, que incluyen siempre la idea de calma y tranquilidad con la que estos órganos deben funcionar. Toda práctica comienza induciendo a un estado de relajación que pone a la persona progresivamente en contacto con su propio cuerpo, con la ayuda de la respiración, y desde allí va proponiendo las diferentes frases.
A partir de las siguientes consignas, el psicoanalista argentino Fidel Moccio propone, en Terapia del estrés, una adaptación del método de Schultz:
-         “Estoy en calma”.
-         “Mis brazos y mis piernas est√°n pesados”.
-         “Mis brazos y mis piernas est√°n calientes”.
-         “Mi coraz√≥n late tranquilo y fuerte”.
-         “Mi respiraci√≥n est√° tranquila. Algo respira en m√≠”.
-         “Mi plexo solar irradia calor”.
-         “Mi frente est√° agradablemente fresca”.



Estos ejercicios de autohipnosis tienen un gran valor cl√≠nico, ya que con s√≥lo concentrarse en unas f√≥rmulas verbales el sujeto logra controlar los m√ļsculos y el sistema neurovegetativo. Una vez que se dominan los ejercicios descriptos, el m√©todo se contin√ļa con ejercicios de meditaci√≥n, en los cuales se utilizan las visualizaciones con colores, objetos y conceptos abstractos.






13 de Noviembre

Centro Cardíaco - La dimensión afectiva

El Centro Cardíaco se relaciona con la dimensión afectivaSu tallo se ubica en la columna dorsal alta y se abre en el pecho a la altura del corazón. Abarca también los brazos y las palmas de las manos.

El coraz√≥n simboliza la entrega, el amar y ser amado. Las enfermedades cardiovasculares han sido vinculadas con problemas de √≠ndole afectiva mucho antes de que se conociera la medicina psicosom√°tica. Al dar la mano —proyecci√≥n de nuestro pecho—, estamos expresando amistad y confianza. Esa zona corporal tambi√©n representa voluntad de acci√≥n y afirmaci√≥n de la personalidad, como cuando se nos pide “sacar pecho” para enfrentar una dificultad. As√≠ el amor, la voluntad y la afirmaci√≥n son los s√≠mbolos del centro card√≠aco, pero tambi√©n podemos ver su manifestaci√≥n en conductas como el rechazo, la competencia o la exclusi√≥n del otro. En definitiva, este centro comprende todos los sentimientos que surgen en nuestra vida de relaci√≥n.
Durante el embarazo, la mujer suele encerrarse en su mundo interno. Por lo tanto, el trabajo correspondiente a la dimensión afectiva consistirá en confrontarse con el mundo externo, revisar cada uno de sus vínculos (la pareja, la familia, los amigos, su entorno laboral) y tratar de ampliar la perspectiva con la que construyó su trama relacional, a fin de enriquecer la comunicación tanto con sus interlocutores habituales como en el nuevo diálogo con el bebé.
Esta etapa de la vida es una gran oportunidad para desarrollar nuestra capacidad de dar, de brindarnos a los demás y, fundamentalmente, de abrirnos al nuevo ser que estamos gestando. Abrir significa soltar, aprender a dar y a recibir, todo lo cual, a la vez, fortalece nuestra autoestima, nuestra confianza y la afirmación de nuestro yo. También nos ayuda a desarrollar la voluntad, la solidaridad y la compasión.


El masaje durante el embarazo
Una comunicaci√≥n desde el contacto 

Dalila Wagner, profesora de yoga y masoterapeuta argentina especializada en diversas t√©cnicas de masaje, a cargo en nuestro Centro de los masajes a las embarazadas, describe a continuaci√≥n los beneficios que esta pr√°ctica puede otorgar a la futura mam√° y al beb√© tanto para la salud f√≠sica como para la emocional.
El masaje constituye un recurso ideal para acompa√Īar los cambios que va experimentando la mujer en su embarazo. Tanto si lo recibe de su pareja de una manera intuitiva, o de un especialista, el contacto en s√≠ mismo la ayuda a conocer el propio cuerpo y a entrar en comunicaci√≥n con el otro a trav√©s de la v√≠a m√°s directa con la que contamos para hacerlo.
Es interesante destacar que el tacto es el primer sentido que desarrolla una persona desde su vida intrauterina, al participar de los movimientos que su madre realiza y que va percibiendo en su piel a trav√©s de todo su cuerpo. El masaje durante el embarazo reaviva estas sensaciones placenteras experimentadas en el interior del √ļtero, por lo que libera endorfinas que generan en la futura mam√° un sentimiento afectivo de seguridad.
En el plano fisiol√≥gico, dado que el cuerpo se relaja se hace m√°s profunda la respiraci√≥n y de este modo el beb√© recibe una mejor oxigenaci√≥n. Al activar la circulaci√≥n sangu√≠nea, las toxinas son f√°cilmente eliminadas y la piel adquiere la elasticidad necesaria apara acompa√Īar el progresivo aumento de peso.
Desde el punto de vista articular, el masaje colabora a orientar la columna con posturas saludables y previene en especial los dolores lumbares y cervicales.
Pero más allá de sus beneficios en el logro de un equilibrio corporal, el masaje es una excelente herramienta de la mujer para conectarse consigo misma y con el bebé, liberar emociones contenidas y desbloquear corazas musculares que le impidan manifestarse con vitalidad.
Existen diversas t√©cnicas de masaje. Nosotros utilizamos una integraci√≥n de la proveniente de los centros de energ√≠a, con sus l√≠neas de energ√≠a o “nadis”, a la que se le suman elementos del masaje ayuev√©dico, de la digitopuntura, el shiatzu y la reflexolog√≠a.
Se emplean diferentes toques seg√ļn se pretenda movilizar el sistema circulatorio —para el que se emplean movimientos m√°s en√©rgicos, aunque m√°s superficiales— o el linf√°tico, destrabar una contractura o activar puntos energ√©ticos precisos, en cuyo caso el toque se realiza con los pulgares y efectuando una presi√≥n m√°s profunda.
La respiraci√≥n consciente constituye una parte fundamental de la pr√°ctica, tanto para aquel que la ofrece como para el que la recibe, ya que poner la conciencia en la zona masajeada refuerza el efecto que el toque produce, e involucra al que lo recibe con una posici√≥n m√°s activa. Proponemos a continuaci√≥n algunas recomendaciones pr√°cticas. 

¨      Tomar previamente una ducha caliente y colocarse en un estado receptivo.

¨      Disponer de un tiempo libre de interferencias,  como llamadas telef√≥nicas u otros ruidos distractivos.

¨      Preparar un ambiente c√°lido.

¨      Disponer una temperatura agradable y luz tenue.

¨      Incluir, si se desea, aromas y m√ļsica tranquila.

¨      Limitar la comunicaci√≥n verbal a lo imprescindible.

¨      Tener a mano una manta para cubrirse.

¨      Buscar una posici√≥n c√≥moda: acostada sobre un lado con un almohad√≥n entre las piernas.

¨      Tomar contacto con la respiraci√≥n profunda.

¨      Utilizar aceites naturales vegetales. Evitar aceites minerales, ya que obstaculizan la libre respiraci√≥n de la piel. Para el relax utilizar √©l de lavanda para estimular y activar la circulaci√≥n, usar el aceite con √°rnica.

En caso de realizarlo en pareja, sugerimos intercambiar eventualmente los roles a fin de transmitir al compa√Īero las preferencias en el toque.


6 de Noviembre

Centro Medio - La dimensión emocional

El Centro medio se relaciona con la dimensi√≥n emocional Este centro est√° localizado en la zona de la cavidad abdominal, la que en el embarazo es abarcada por el √ļtero en crecimiento. Su tallo se sit√ļa en la columna dorsal baja, a la altura de la sexta v√©rtebra, y sus p√©talos se abren en el epigastrio o boca del est√≥mago, por sobre el ombligo.
Este centro est√° relacionado con la vida emocional, llamada “maya” por los yoguis, y que en s√°nscrito significa “ilusi√≥n”, lo cual alude a la fatuidad y la inconsistencia de las emociones, que a diferencia de los sentimientos —verdaderas construcciones de la dimensi√≥n afectiva—, constituyen una experiencia pasajera. En permanente estado de cambio bajo el influjo de los est√≠mulos externos, las emociones se manifiestan a trav√©s de respuestas motoras. Es as√≠ como los est√≠mulos son transformados en movimiento y expresi√≥n.
A este centro le corresponde el plexo solar, y los √≥rganos que comprende son aquellos del aparato digestivo: el est√≥mago, el duodeno, el intestino y el p√°ncreas, todos vulnerables a las emociones y con gran tendencia a responder a las presiones ambientales con perturbaciones sintom√°ticas, lo cual constituye muchas de las llamadas enfermedades psicosom√°ticas. Expresiones coloquiales como: “me pate√≥ el h√≠gado” o “tengo un nudo en el est√≥mago” sin dudas remiten a este tipo de malestares.

La vida emocional

Desde el inicio del embarazo, en la mujer se produce bruscamente un cambio hormonal muy intenso: de un d√≠a para otro se siente invadida por emociones que, muchas veces, siente que no puede manejar, que la sobrepasan. No es que las desconozca o le resulten extra√Īas, ya que le pertenecen y ha ido vivi√©ndolas en diferentes momentos de su vida. Lo que ocurre es que se desbaratan, se magnifican, se confunden entre s√≠ y, muchas veces, se tornan incontrolables.

Por su carácter transitorio, producen un sentimiento de ajenidad que no contribuye a que la mujer pueda hacerse cargo de ellas. Las vive como si fueran intrusas, pero en su tránsito consiguen, sin embargo, modificar su estado anímico.
Si bien en el momento surgen con mucha intensidad, al poco rato ceden paso a otra que incluso puede ser de signo contrario. Es así como resulta habitual pasar de la risa al llanto con facilidad, a veces sin una motivación aparente. Como si lo que contara fuera más el monto de carga emocional que está todo el tiempo en juego, que la cualidad de la que se trate, y poco importa bajo qué forma se presenten.
Algunas mujeres asocian esta experiencia a la vivida en los per√≠odos premenstruales. Tambi√©n en “esos d√≠as” la mujer experimenta importantes cambios hormonales que le generan, en algunos casos, una hipersensibilidad extrema, y en otros las sumergen en fuertes estados de angustia o desasosiego.

En el embarazo, estas emociones act√ļan como fuerzas en movimiento que buscan su expresi√≥n, y producen que la mujer se sienta impotente para gobernarlas. No encuentra, muchas veces, una explicaci√≥n a lo que siente, y m√°s que decir “me siento” dice “me pongo”...triste, contenta o de mal humor, sin ninguna causa aparente.

Mas a√ļn, estas emociones se le presentan, a veces, de manera conjunta, lo que la desconcierta todav√≠a m√°s. Probablemente sean las emociones ambivalentes las m√°s dif√≠ciles de metabolizar o interpretar.
Es la t√≠pica experiencia del primer trimestre, en el que la mujer siente una gran alegr√≠a por haberse embarazado y, al mismo tiempo, una sensaci√≥n general de angustia. O cuando se mezclan los sentimientos de confianza en su capacidad como mam√° con aquellos de inseguridad respecto de c√≥mo desempe√Īarse con su hijo.
Todas estas situaciones colocan a la embarazada, muchas veces, en un estado de intolerancia y de irritabilidad muy acentuado. Aparecen el enojo f√°cil, la ira, la ofensa o la rivalidad.
Cuando estas emociones se niegan o reprimen y no encuentran una v√≠a de expresi√≥n —ya sea comparti√©ndolas con la pareja, con los amigos o con un profesional id√≥neo—, pueden buscar su descarga estallando con enfrentamientos violentos. Son las t√≠picas discusiones que potencian aun m√°s la irritabilidad y que generan, a su vez, otras emociones m√°s dif√≠ciles de procesar, como el resentimiento o el rencor.
En esos momentos pueden aparecer viejos conflictos no resueltos, escenas de celos, reproches, envidias o sentimientos de venganza. La fuerza con la que se nos aparecen nos conmina a atenderlos, por lo cual es una oportunidad para enfrentarnos con nuestra sombra, en la que nos vemos con todas esas emociones que habitualmente rechazamos de nosotros mismos.

Aunque lo deseemos, no podemos reprimir nuestras emociones, lo que no significa que debemos actuarlas. Ellas necesitan que las reconozcamos como propias y les demos un espacio en nuestras vidas. Nuestra responsabilidad con ellas es abrirles un canal de expresión que no hiera nuestra subjetividad ni la de los otros. A veces nuestro cuerpo puede encontrar una forma de descarga a través del movimiento, como la actividad física, el deporte, la danza o las artes marciales.

Las manifestaciones artísticas son otra excelente vía para tramitar todo aquello que, de otro modo, no podría decirse o manifestarse. Pero el primer paso es reconocer que siempre han sido parte de nosotras más allá del embarazo, sólo que en este período nos sentimos más vulnerables a su presencia.
Desde nuestra perspectiva, más que emociones, representan estados emocionales efímeros que nos conectan con el mundo en forma más sensible. Poder expresarlas, encontrar modos de procesarlas y trascenderlas sin quedarnos pegadas a ellas es un arte a cultivar.



30 de Octubre

Centro Lumbosacro - La dimensión sexual

La dimensión sexual se relaciona con el centro lumbosacro. Su tallo se ubica en la columna lumbar y sus pétalos se abren en el pubis, a la altura de los genitales. Abarca la zona de la pelvis, y se extiende por las ingles y la parte delantera de las piernas, los empeines y los arcos de los pies.
Swadishtahana se relaciona con la vida instintiva en general, y con la sexualidad, la seducción y el movimiento del cortejo en particular. Su función es coordinar y distribuir la energía que llega del centro bajo hacia los centros superiores.

Cuando la energía de este centro está bloqueada, la circulación se interrumpe y el buen desarrollo de la sexualidad y la salud se ve perturbado. Las rigideces de este centro se manifiestan en dolores lumbares, ciática y problemas en los meniscos y en los arcos de los pies.

El parto como experiencia psicosexual 


El parto es la culminación de la unión sexual de dos personas. Así como un orgasmo aparece sólo en condiciones favorables, la experiencia del nacimiento se da naturalmente si no se la bloquea.
Muchas mujeres tienen una relaci√≥n saludable con su propio cuerpo, ya que conocen su anatom√≠a y su funcionamiento sexual. Ellas son, en general, las que m√°s protagonizan su parto al sentir por d√≥nde pasa, dirigen su propio trabajo y defienden sus posibilidades de acceder a ese momento de acuerdo con sus caracter√≠sticas personales. Otras, en cambio, han delegado en su pareja el nacimiento de su propio cuerpo. Fue el var√≥n quien les ense√Ī√≥ a ser sexualmente, y luego se produjo una repetici√≥n de esta conducta en relaci√≥n con el m√©dico.
Son pocas las mujeres que han aprendido a tactarse a sí mismas, a saber si tienen dilatación, o a darse cuenta cómo se encuentran cuándo el bebé está naciendo (no hay que olvidar que es posible tocarse los labios vaginales, el periné o incluso tomar la cabecita con las manos cuando asoma para nacer).

A través de una relación con el cuerpo más íntima, familiar y cotidiana, es posible un crecimiento sexual a partir del embarazo y el parto.

Recorrer mentalmente y movilizar el interior de la garganta y de la boca sirven muchas veces como recursos para imaginar a la vagina. Decir “la sonrisa vertical” para referirse a esa zona corporal es usar la boca como met√°fora de ella. Sirve para acceder a la vagina desde una experiencia m√°s cotidiana y conocida, como comer, tragar, chupar, absorber, escupir, morder, o justamente sonre√≠r, lo cual le otorga una imagen m√°s potente, y la dota de la posibilidad de actuar en forma voluntaria.





23 de Octubre

Centro Bajo - La dimensión orgánica

"La dimensi√≥n org√°nica se relaciona con el centro bajo. Este centro se localiza alrededor del coxis, en la base de la columna, entre el ano y los genitales, y abarca la zona comprendida por la planta de los pies, la cara posterior de las piernas y los gl√ļteos. Le corresponde el plexo p√©lvico, donde encontramos los √≥rganos de la pelvis menor, el √ļtero en la mujer, la pr√≥stata en el hombre, la vejiga y el recto.
Corresponde a aquellos aspectos de la persona ligados a la materialidad, a la tierra como fuente de la que se nutre, a la fuerza tel√ļrica, a los aspectos m√°s primitivos del ser humano, aquellos que surgen de la manera m√°s salvaje y que lo conectan con su naturaleza animal. "


En este sentido, este centro se vincula con cómo estamos parados frente a las cosas:

"En posici√≥n de elegir 

Como ocurre en todos los planos de la vida, la desinformaci√≥n y el desconocimiento llevan a una tranquilidad enga√Īosa, y en el caso espec√≠fico del nacimiento y el parto, a la aceptaci√≥n pasiva de las condiciones impuestas por el sistema de salud. Sin embargo, la mujer, a diferencia de las dem√°s hembras mam√≠feras, tiene el derecho de elegir una forma de parir fisiol√≥gica, que respete sus preferencias y posibilidades emocionales, familiares y culturales. La pasividad tiene un alto costo en salud psicof√≠sica, que no s√≥lo las mujeres, sino tambi√©n los beb√©s, terminan pagando.
La pareja, en su embarazo, suele atravesar un período de inseguridad emocional, lo cual influye en su posibilidad de elegir libremente. Pero desarrollar las cualidades de esta dimensión segurizante pueden ayudarla a ocupar el espacio que le corresponde, plantarse en sus derechos, pararse en la realidad del contexto en el que vive y flexibilizarse frente a la aparición de variables que le impidan llevar adelante su proyecto.
Es desde una posición firme, pero no rígida, que podemos defender lo que queremos y sentirnos seguras de confiar en nuestras fuerzas vitales.

Aprender a elegir la posición para parir es aprender a elegir cómo situarse frente a la vida.

La manera como parimos refleja nuestra propia manera de vivir. Tomar conciencia de esto puede conducirnos a aprovechar el tiempo de gestación para reconocer cómo estamos viviendo y concretar los cambios que sintamos que debemos producir."



11 de Octubre

Centro Coronario - La dimensión espiritual

Esta semana estamos trabajando con el Centro Coronario que se relaciona con la dimensi√≥n espiritualEste centro nace detr√°s del punto medio de la cabeza, donde se halla la gl√°ndula pineal, y se abre hacia la coronilla. Es all√≠ donde la humanidad  ha representado simb√≥licamente la espiritualidad de una persona. Podemos verla dibujada como una aureola en los santos o tambi√©n como la corona del rey, cuya autoridad es considerada de origen divino. Es la puerta de entrada de la energ√≠a c√≥smica, y el lugar hacia donde debe dirigirse la energ√≠a de los dem√°s centros para encontrarse en unidad con lo infinito. Simboliza el mundo espiritual, que lo abarca todo de manera ilimitada, en el cual la conciencia queda libre de fronteras.
Si bien hemos seguido el orden ascendente en el que son descriptos habitualmente los centros de energ√≠a, hubi√©ramos querido comenzar el recorrido a partir de esta dimensi√≥n, ya que al nacer es nuestra coronilla, a√ļn semiabierta, la primera parte de nuestro cuerpo que ve la luz. El hecho de que no est√© a√ļn sellada podr√≠a interpretarse como una se√Īal de que nuestra conexi√≥n con el orden c√≥smico antecede al enraizamiento que venimos a hacer en este mundo. 


Desear, concebir, embarazarse 

Podríamos pensar que antes de nuestra vida intrauterina existiríamos inmaterialmente en un nivel de conciencia cósmica. Si vamos un poco más allá, podríamos imaginarnos, como lo consideran algunas creencias, que somos pura energía y que elegimos a nuestros padres como vehículos corporales para expresarnos y desarrollarnos como personas en esta vida. Sin embargo, para los padres gestantes, el nivel de conciencia sobre este proceso de desear, concebir y embarazarse puede variar notoriamente en cada situación y abrir en cada uno más o menos interrogantes.
La primera pregunta que suelen hacerse al darse cuenta de que est√°n esperando un hijo es “¿En qu√© nos metimos?”, sobre todo si se trata del primero. Y la segunda pregunta suele ser por qu√©.
Entre las distintas motivaciones que pueden llevar a un hombre y una mujer a embarazarse se encuentran su crecimiento como pareja, la necesidad de cumplir con el deseo de uno de ellos en particular, de darle un hermanito al hijo que ya tienen, de afianzar un v√≠nculo inestable, de reemplazar el espacio dejado por la muerte de un hijo anterior, por amor a los ni√Īos e incluso como saboteo a su desarrollo laboral y profesional. Esclarecer estas u otras motivaciones es la tarea esencial del primer trimestre, para poder reelegir el embarazo y la paternidad en forma consciente y responsable, aceptar las limitaciones que pudieron determinarlo y construir las condiciones que posibiliten su crecimiento.
En este per√≠odo tambi√©n se hace evidente la diferencia entre lo planeado y lo accidental y, en el √ļltimo caso, suele aparecer la culpa por no haber deseado el embarazo o por haber fantaseado con interrumpirlo si as√≠ hubiese ocurrido. La aceptaci√≥n profunda de lo que siente √≠ntimamente cada miembro de la pareja respecto de esa nueva vida que se anuncia es el punto de partida m√°s maduro para enfrentar el camino que se inicia.

Visualización de la concepción
Vamos a ubicarnos en el momento de la concepci√≥n. Iremos haciendo un recorrido hacia atr√°s en el tiempo, para conectarnos con ese instante en el que surgi√≥ en nosotras el deseo, la fantas√≠a, el proyecto del hijo. Cuando compartimos esas primeras ideas, cuando so√Īamos con la posibilidad de ser mam√°. Con cu√°ntas expectativas fuimos construyendo esa idea, c√≥mo lo imagin√°bamos y por qu√©, por qu√© s√≠ tenerlo o por qu√© no. En qu√© momento del encuentro con el otro nos hall√°bamos y qu√© fantas√≠as con tener un hijo exist√≠an en la experiencia de ese encuentro (el hijo como un deseo personal, como un desaf√≠o, como la respuesta a la necesidad de alguien). Qu√© espacio fue jugando la idea en la pareja, en qu√© momento apareci√≥ como proyecto com√ļn y dej√≥ de ser “mis ganas” para ser “las nuestras”. O cu√°ndo fueron solamente las ganas de √©l que me contagiaban, o las m√≠as que lo contagiaban a √©l. Cu√°nto particip√≥ el azar, cu√°nto la planificaci√≥n, cu√°nto un trabajoso tratamiento. Cu√°nto incidi√≥ el haber sido nosotros parte de una familia con muchos o con pocos hijos, o el haber sido hijos √ļnicos, el tener padres mayores o padres m√°s j√≥venes. Cu√°nto particip√≥ la edad para tomar la decisi√≥n, la situaci√≥n econ√≥mica, la necesidad de un hermano para nuestro primer hijo, o de una hermana para nuestra primera hija o hijo. Cu√°nto, finalmente, respondi√≥ el embarazo a los sue√Īos y expectativas tejidas a lo largo de la vida en relaci√≥n con el hecho de procrear, de parir, de criar un hijo. ¿Hab√≠amos imaginado estar embarazadas, en esta √©poca de nuestra vida, alguna vez? Siguiendo un poco m√°s, ¿cu√°nto participamos o no de ese momento de la concepci√≥n de  nuestro hijo? ¿En qu√© medida nos imaginamos acompa√Īando el encuentro de esas dos c√©lulas para formar su cuerpito, para darle existencia? ¿Cu√°nto percibimos, en ese d√≠a, en ese encuentro amoroso o en esa relaci√≥n sexual, que se estaba generando una nueva etapa de nuestra vida y tambi√©n una nueva vida para un ser humano, la vida de una nueva persona? Y as√≠, muy lentamente, con todas estas sensaciones en nuestro cuerpo, respirando profundamente, recuperando el momento de esta etapa del embarazo que es √ļnica, con todo ese movimiento interior que est√° pulsando en nuestros cuerpos, empezamos a desperezarnos, a estirarnos y a recuperar nuestro estado de vigilia.


Mientras transitamos el embarazo, solemos perder de vista lo que esta idea representó antes, en nuestra historia personal y en la de la pareja. Poder recuperar su significado original y reconocer en qué medida lo elegimos nos permite reafirmar su verdadero sentido.


Generando una nueva vida en diferentes edades 

Para los futuros padres, es muy diferente —aunque no mejor ni peor— vivir un embarazo en la veintena que en la treintena. En una edad algo mayor, ya se tiene   otro tipo de registro de lo que va pasando en la vida. Es otra etapa, con otras ideas, tal vez con mayor conciencia de lo que significa el paso del tiempo; en que se sabe que hay ciertas cosas que ya no vuelven, que se cierran y, quiz√° tambi√©n —es muy subjetivo—, cuando se tiene una mayor posibilidad de hacer ese gesto de moverse hacia otro. En cambio, cuando se est√° viviendo en ese tiempo muy cercano a la salida de la adolescencia, cuesta mucho postergar la necesidad inmediata de ocuparse  de s√≠ misma.
Un hijo, en todo caso, reclama un tiempo y un espacio que no todo el mundo est√° dispuesto a dar. Se supone que hay una edad en la que la mujer siente que hay aspectos personales que ya ha podido atender, y cuenta con la disponibilidad necesaria para estar en otro lugar acompa√Īando a otro ser humano que la requiere, algo que, tal vez, parec√≠a imposible cuando era muy joven. Claro que tampoco este compromiso se presenta obligatoriamente cuando se tiene m√°s edad. Puede ocurrir que, por entonces, ya resulte dif√≠cil renunciar o diferir conquistas ganadas en el espacio laboral o profesional.


“Antes no quer√≠amos saber nada de tener hijos. Est√°bamos disfrutando nuestras vidas, nuestra profesi√≥n, nuestro espacio, el querer vivir juntos otras cosas.”

“Ahora nos damos cuenta de que hay much√≠simas cosas que con los hijos chicos no las podemos hacer, pero bueno, ya las hicimos antes.”

En realidad, yo no ten√≠a ganas de tener hijos cuando era m√°s joven, no era una opci√≥n... Y ahora estoy chocha con mi hijo y dejo todo por estar con √©l.”

“Para m√≠ fue muy claro el momento en el que dese√© tener un beb√©. Lo decid√≠ yo, me parec√≠a que era importante decir ‘tengo ganas de ser mam√° y quiero que sea ahora’.”



Es cierto que es la mujer quien hace la mayor inversión física durante el embarazo y los primeros tiempos de crianza, y tal vez sea por eso que muchas veces es ella quien tome o postergue la decisión. En todo caso, el mejor momento será aquel que, en la historia de cada mujer y de su pareja, resulte el más fértil física y emocionalmente para ser padres.






2 de Octubre

Centro Frontal - La dimensi√≥n mental 

Esta semana estaremos trabajando con el Centro Frontal que se relaciona con la dimensi√≥n mental. Si lo imaginamos como una flor, el tallo de este centro se encuentra en el punto medio de la cabeza —donde se halla la hip√≥fisis— y su corola se abre en el entrecejo. Es conocido como el “tercer ojo”.
Está asociado a la intuición, las percepciones extrasensoriales y la capacidad creativa. Es sede del pensamiento abstracto, filosófico.
Este centro, así como el coronario, no se activan mediante movimientos corporales, sino a través de ejercicios de respiración, relajación, visualizaciones y, fundamentalmente, la meditación. Estas actividades modifican el ritmo habitual de nuestro funcionamiento cerebral.
Existen cuatro tipos de ondas cerebrales: las ondas Beta (de 13 a 26 ciclos por segundo), que corresponden al estado de vigilia y los ojos abiertos; las Alfa (de 8 a 13 ciclos por segundo), que se producen con los ojos cerrados y el cuerpo relajado, y con cuyo entrenamiento se logra una sensaci√≥n de calma y de relajaci√≥n alerta; las Theta (entre 4 y 8 ciclos por segundo), en que se ingresa en una relajaci√≥n m√°s profunda o en el sue√Īo y se pierde la noci√≥n espaciotemporal, y las ondas Delta (entre 1 y 4 ciclos por segundo), que corresponden al estado del sue√Īo profundo o inconsciencia. Si superamos la frecuencia de las ondas Beta, entramos en un estado de estr√©s y confusi√≥n.
Es a trav√©s de la actividad de este cendro que podemos transitar desde los estados de vigilia, propios de las ondas Beta, a los m√°s lentos, en los que la conciencia accede a otro tipo de experiencias, como aquellas que ocurren en los estados de enso√Īaci√≥n y de trance, y tambi√©n en las comunicaciones telep√°ticas. Los estados contemplativos ayudan a poner en juego las ondas de m√°s baja frecuencia.


“Estar en la luna” llena
 Cuando vemos a una embarazada —como la llam√≥ Juan Manuel Serrat, “esa muchacha en flor, por la que anduvo el amor regalando simiente”—, sentimos muchas veces que est√° en otro mundo, como si hubiera abandonado √©ste que los dem√°s habitamos, para contactarse con una realidad m√°s sensible, en comuni√≥n con energ√≠as m√°s sutiles. Tal vez sea √©sa la condici√≥n necesaria para que su cuerpo pueda albergar a un ser tan vulnerable como lo es el embri√≥n en formaci√≥n, y estar en sinton√≠a con lo que representa la pulsaci√≥n m√°s elemental de la vida humana.
Cuando vemos a una embarazada —como la llam√≥ Juan Manuel Serrat, “esa muchacha en flor, por la que anduvo el amor regalando simiente”—, sentimos muchas veces que est√° en otro mundo, como si hubiera abandonado √©ste que los dem√°s habitamos, para contactarse con una realidad m√°s sensible, en comuni√≥n con energ√≠as m√°s sutiles. Tal vez sea √©sa la condici√≥n necesaria para que su cuerpo pueda albergar a un ser tan vulnerable como lo es el embri√≥n en formaci√≥n, y estar en sinton√≠a con lo que representa la pulsaci√≥n m√°s elemental de la vida humana.
La mujer embarazada se halla con una natural apertura de conciencia. Y en este momento de su vida, desarrolla con facilidad sus capacidades intuitivas. Es como si hubiera despertado en ella el llamado “sexto sentido”, el cual le hace vivir experiencias no siempre explicables racionalmente. Sus percepciones trascienden muchas veces el orden de los sentidos y es capaz de experimentar cosas que los dem√°s no alcanzan a interpretar.
Cuando puede aprovechar estas capacidades logra ingresar en un nivel de conciencia que desconoc√≠a de s√≠ misma, al que algunas personas acceden s√≥lo en estados de trance inducidos, o bien por sugesti√≥n hipn√≥tica o por el efecto de sustancias qu√≠micas o alucin√≥genas. 

La comunicaci√≥n estrecha que mantiene con su hijo agudiza la percepci√≥n de sus sensaciones, que son cada vez m√°s finas hasta llegar a niveles extrasensoriales. Es conocido el caso de algunas futuras mam√°s que han sido capaces de detectar la existencia de alg√ļn problema en su beb√© antes de que el propio m√©dico lo diagnosticara. Y aunque no se animen a confesarlo, muchas se vinculan regularmente con sus hijos y reciben de ellos respuestas directas a sus pensamientos y emociones. Saben que otro tipo de “di√°logo” es posible, y numerosos estudios cient√≠ficos recientemente aparecidos sobre el impacto que tienen en el beb√© las ideas y emociones de su mam√° no hacen m√°s que confirmar lo que desde tiempos inmemoriales ellas ya conoc√≠an: que existe una comunicaci√≥n mam√°-beb√© intrauterina que circula por canales diferentes de aquellos correspondientes a los “sentidos comunes”.

Es que en esta etapa se despliega en la embarazada una variedad de procesos inconscientes que la colocan en lo que la psicoanalista francesa Catherine Bergeret- Amselek ha denominado un “estado de transparencia ps√≠quica”, un estado que hace que muchas de las experiencias que permanecen habitualmente ocultas emerjan con facilidad y queden disponibles a la conciencia.
Muchas embarazadas comentan con sorpresa haber incrementado su actividad on√≠rica, como si se hubiera abierto en ellas el acceso al mundo de los sue√Īos al levantarse el velo que imped√≠a verlo y tornarlo por primera vez trasl√ļcido. El embarazo mismo es vivido en ocasiones como un estado de enso√Īaci√≥n, en el que la conciencia recorre nuevos caminos. Se ingresa en un universo de l√≠mites borrosos. Algunas mujeres, al tratar de describir esa sensaci√≥n de no poder concentrarse o responder del mismo modo a los requerimientos cotidianos, dicen sentirse como si estuvieran “en otro mundo”. Surge una nueva manera de vivir la realidad, “esa realidad aparte” de la que hablaba el antrop√≥logo latinoamericano Carlos Castaneda, donde se inaugura una conexi√≥n de calidad diferente con las cosas, las emociones y las personas, y en la que no s√≥lo las palabras resultan innecesarias, sino tambi√©n la presencia f√≠sica del otro.


Ser protagonista de la creación de una nueva vida puede iniciar a una mujer en el camino de la creatividad. Es un momento ideal para sacar afuera a la artista que está adentro de cada una.


Los antiguos tratados hind√ļes sobre el amor describen 64 artes, y sugieren que todos los individuos deber√≠an desarrollar la mayor cantidad posible de √©stas a fin de cultivar una actitud creativa y aprovechar las posibilidades de la mente. Si bien estas artes han ido cambiando con cada √©poca, la humanidad siempre ha encontrado en ellas una forma de expresarse.
La embarazada necesita potenciar estas energ√≠as emprendiendo actividades que la ayuden a expresarse; como el canto, la m√ļsica, la pintura o la poes√≠a. Las manualidades y las artesan√≠as son tareas muy frecuentes en esta √©poca, y las mujeres tejen sus sue√Īos al crochet o decorando el cuarto de su beb√©.
Lamentablemente, la sociedad de consumo a veces invade este espacio tan √ļnico con ofertas coloridas, y el tiempo de embarazo se escurre en recorrer vidrieras o shoppings que inhiben la aptitud creativa femenina haciendo que todo termine en la compra de productos enlatados. M√°s all√° de inquietarnos, ser√≠a importante destinar un tiempo para convocar y cultivar estos estados de excepci√≥n, a fin de preservarlos de los ritmos vertiginosos en los que habitualmente vivimos.

El llamado del beb√© a transitar otros niveles de percepci√≥n puede servirnos de gu√≠a. Privilegiar la actividad de nuestro hemisferio derecho —sede de percepciones m√°s globales, de la intuici√≥n, de la vida emocional, de lo femenino— por sobre el izquierdo —l√≥gico, racional— puede contribuir a emprender este camino inici√°tico de expansi√≥n de nuestra conciencia. No lo desaprovechemos.   





25 de septiembre

Centro Laríngeo - La dimensión cognitiva
Esta semana estaremos trabajando el Centro Lar√≠ngeo que corresponde a la dimensi√≥n cognitiva. Comprende la zona del cuello, los hombros y el rostro, y se extiende por la parte externa de los brazos hasta la yema de los dedos, que es por donde investigamos t√°ctilmente el mundo.
Dado que en él se alojan también la boca, la nariz, los oídos y los ojos, abarca los cinco sentidos, los cuales constituyen la primera puerta de entrada al conocimiento intelectual, las vías de comunicación con el pensamiento racional, y su manifestación a través de la palabra, la mímica, la escritura, y la realización de cualquier tarea manual y de cualquier técnica que hayamos incorporado.
Es decir que este centro se relaciona con la expresi√≥n de lo aprendido, y su funci√≥n, al filtrar la informaci√≥n que nos llega tanto de los niveles superiores supraconscientes como de aquellos inferiores correspondientes al mundo instintivo emocional, es controlar la vida ps√≠quica y someterla a las leyes de la l√≥gica. Es con el que construimos nuestras creencias, que son aquellos supuestos desde los cuales observamos el mundo en el que vivimos y condicionamos, en forma autom√°tica, nuestros afectos y nuestras conductas. 
Es tambi√©n el responsable de mantener nuestro equilibrio. Act√ļa como un punto de pasaje ya sea al inhibir o al permitir el libre flujo de las energ√≠as que circulan por nuestra unidad cuerpo-mente.
En su expresión más cargada, este centro promueve, por un lado, actitudes muy rígidas, de máximo control y autoexigencia, y en el otro extremo, es decir si está desvitalizado, dificulta la posibilidad de poner límites y de asumir responsabilidades.
A esta dimensi√≥n le  corresponden algunas cuestiones que pueden facilitar o entorpecer la experiencia de parto, como son el control o el descontrol, la relaci√≥n con la incertidumbre y con la espera, con las exigencias, los modelos de parto, los mitos y los prejuicios, la elecci√≥n de las condiciones para parir y la responsabilidad de informarse sobre los derechos y la comunicaci√≥n con el equipo m√©dico. Todas ellas contribuyen a desarrollar nuestra capacidad cognitiva, necesaria para decidir responsablemente c√≥mo, cu√°ndo, d√≥nde y con qui√©n parir, y por otro lado para reconocer las variables que humanamente no nos es posible controlar.


El miedo al descontrol

“Con mi primer hijo hice todo lo que me dec√≠a la partera, con quien compart√≠ mucho tiempo. Me sent√≠a tan contenida, que segu√≠a todo lo que ella me iba indicando. Lo √ļnico que me sali√≥ de adentro —y que era una costumbre m√≠a, porque jugu√© muchos a√Īos al voley— era el grito de los saques. Y en ese momento me acuerdo que ella me dijo: ‘No, no, no; sin gritar’, y me inhibi√≥ totalmente, porque no era un grito exagerado.”

A veces, las embarazadas temen descontrolarse durante el parto, como si un parto fuera algo que tuviera que controlarse. Pero, ¿qu√© entendemos por controlar? Hay que revisar este concepto, pues si bien es cierto que puede haber algunas conductas involuntarias que no ayudan, hay otras que s√≠. Insisto y repito que cada mujer pare como vive y que cada acto de nuestra vida lo realizamos con nuestro propio estilo. Pero estamos inmersos en un sistema que tambi√©n organiza nuestro modo de expresi√≥n y que tratar√° de impon√©rsenos a la hora de parir.


Soltando la voz

Si bien no todas las mujeres son iguales, en el parto resulta √ļtil estimular el libre fluir de las emociones mediante la liberaci√≥n de sonidos a trav√©s de la voz. En el embarazo, desbloquear el centro lar√≠ngeo construye una v√≠a directa entre la boca, la garganta y el canal vaginal. Es como si los labios de la boca participaran, junto con los de la vagina, de la descarga que impone el momento expulsivo.
Algunas personas ni siquiera estando solas se animan a gritar; se trata de una cuestión de autocensura, como si se asustaran de sí mismas.
Para vencer esas inhibiciones, se puede probar, cuando est√°n solas en la casa, al ducharse, en la playa o en un campo abierto, gritar diferentes vocales. El grito puede actuar como una liberaci√≥n sonora analg√©sica al permitir que el sonido vibre en el cuerpo relaj√°ndolo; esas vibraciones sonoras tambi√©n ejercen un contacto con el beb√©. Podemos sentir t√°ctilmente —aunque no usemos nuestros o√≠dos— que nuestro cuerpo est√° vibrando.
 Hay algunas experiencias en las que los pap√°s tambi√©n producen sonidos cerca de la mam√° como para que el beb√© perciba y vibre con su voz en el momento de las contracciones. Conviene experimentarlo antes, a fin de comprobar su utilidad y de tener el recurso disponible en ese momento. Y si hay alguien del equipo que se moleste porque se est√©n haciendo sonidos “extra√Īos” tendr√° que tolerarlos, porque el parto es de la pareja. Lamentablemente, esto puede pasar tanto en el √°mbito p√ļblico como en el privado, y es probable que se relacione con la dificultad que tienen algunos profesionales para manejar la angustia que les genera la irrupci√≥n de las emociones en el escenario del parto, para lo cual no han recibido una formaci√≥n human√≠stica.

Los modelos y las exigencias

Muchas veces, el parto es tomado como un examen, y hasta hay mujeres que le preguntan al m√©dico una vez que parieron: “Doctor, ¿c√≥mo me port√©?”, como diciendo “¿qu√© nota me saqu√©?” a la espera de su aprobaci√≥n. A veces lo hacen con sus m√©dicos, a veces con sus maridos, a veces con el grupo en el que participan de la preparaci√≥n. Pero un parto no deber√≠a concebirse como si se tratara de un examen, sino m√°s bien como una experiencia vivida con las posibilidades que la mujer tenga en ese momento.
Esta sensaci√≥n se acent√ļa en algunos casos m√°s que en otros, pero la experiencia interna de ser juzgada —m√°s que juzgada, calificada— por otro es muy curiosa. Algunas mujeres sue√Īan que est√°n rindiendo un examen y que en ese momento, en lugar de mostrar sus conocimientos o presentar lo que saben, nace el beb√©. A veces aparece una situaci√≥n de competencia, que se expresa en frases como “yo quiero parir de equis manera porque mi vecina o mi amiga pari√≥ de este modo, o la primera esposa de mi marido lo hizo y yo no puedo ser menos que ella”, como si el parto se transformara en un bien de consumo, algo que hubiera que atravesar de tal o cual manera para competir con otros.

Hay mujeres que viven el parto como una competencia en la que se comparan o ponen a prueba con otra mujer (su propia mam√°, la cu√Īada, una amiga, la primera esposa del marido). Pero un parto es una experiencia muy personal, ya que representa el modo particular en que nos separamos de nuestro hijo.


Cada una tiene su propia manera de separarse de su hijo, pues es eso, en todo caso, lo que significa un parto. Sentimos infantilmente que las transgresiones como gritar “merecen un aplazo y perturban a la mesa examinadora”. Creo que est√° en cada una encontrar su manera de superar esta dependencia.
Merecemos el parto que hayamos tenido: por v√≠a baja o por ces√°rea, fue lo mejor que hemos podido hacer con los recursos con los que cont√°bamos en ese momento y con la presencia singular que tuvo ese ni√Īo que lleg√≥ al mundo. Porque no debemos olvidar que en este proceso no s√≥lo participan una mujer y el futuro pap√°, sino tambi√©n un beb√©, que le imprime a ese instante su caracter√≠stica particular.
A veces, la omnipotencia con la que se prepara la mujer que participa de alg√ļn curso de psicoprofilaxis le hace sentir que es como si hubiera sacado un seguro. Dice por ejemplo: “Yo hice todo bien, hice el curso, no falt√© nunca, ¿por qu√© fui a ces√°rea?”. No incluye las variables que tienen que ver con el beb√©, con la vida emocional, con el contexto social, econ√≥mico, geogr√°fico, y muchos otros factores que influyen en el momento del nacimiento. Se pueden incluir variables espirituales, c√≥smicas, y de cualquier otra √≠ndole.
Reducir el fenómeno del nacimiento a uno estrictamente individual, emocional o fisiológico es achicar la perspectiva de algo mucho más abarcativo, que incluye todos los niveles, y genera una presión muy alta en la mujer que la hace sentir que todo depende exclusivamente de ella. Entonces, deberíamos poder reconocer, con menos omnipotencia y más humildad, que formamos parte de una de las tantas experiencias que están involucradas en el acto del nacimiento y del parto, que protagonizamos como mujeres. Contribuimos en el hecho activo de parir, pero es nuestro hijo el que nace. Necesitamos aceptar y reconocer ese primer acto de libertad del ser humano que es nacer.




6 de Septiembre

Centro Lumbosacro - La dimensión sexual
Rol del perin√© en la sexualidad 

Adem√°s de las funciones de sost√©n y de pasaje, los m√ļsculos pubocox√≠geos tambi√©n desempe√Īan un papel central en la experiencia sexual org√°smica, para la cual necesitan contar con una buena tonicidad. Conocer su funcionamiento y fortalecerlos, sabiendo tambi√©n relajarlos, es una manera de intensificar las sensaciones de placer.
Este descubrimiento fue realizado por el médico urólogo Arnold Kegel (1948) al desarrollar sus ejercicios de fortalecimiento muscular del periné para resolver el problema de incontinencia urinaria en la mujer. Comprobó que sus pacientes comenzaban a tener mayor frecuencia e intensidad en los orgasmos, y algunas reportaban incluso haberlo experimentado por primera vez.

Tener en cuenta que por debajo de estos m√ļsculos se encuentran situados los cuerpos er√©ctiles del cl√≠toris, que adem√°s del capuch√≥n que lo recubre posee dos bulbos y una esponja perineal. De all√≠ que a las mujeres que en una terapia sexual consultan por dificultades en alcanzar el orgasmo se le sugieren ejercicios que aumenten la tonicidad de su piso p√©lvico.


Ejercicio n¬ļ 1. Ejercicios de Kegel o sexoejercicios: 

Se denominan as√≠ a los ejercicios dise√Īados por el mencionado Kegel, los cuales consisten en contraer y relajar los m√ļsculos pubocox√≠geos. Se los recomienda para prevenir, resolver o mejorar el funcionamiento sexogenital.

Sugerimos practicarlos en siete sucesivas contracciones y relajaciones hasta llegar progresivamente a completar siete series de siete (49 movimientos seguidos). Repetir la misma serie tres veces al día.
Pueden incluirse dentro del juego sexual de la pareja comprimiendo las paredes vaginales durante la penetraci√≥n o introduci√©ndose el propio dedo o el del compa√Īero durante una experiencia compartida.
Si bien pueden practicarse durante el embarazo, son especialmente indicados en el posparto. Se ha comprobado que el embarazo y el parto perturban la sensibilidad de los circuitos propiceptivos y sensoriales habituales de las reacciones er√≥ticas femeninas. Por tal motivo, despu√©s del parto, para tomar conciencia del nuevo esquema corporal es conveniente, junto con la pr√°ctica de los sexejercicios, adecuar un discurso que invite a reerotizar las percepciones. Tambi√©n ser√≠a recomendable investir a los genitales de un sentido est√©tico que los resignificara positivamente, a fin de que recuperen la jerarqu√≠a que les corresponde tener en el universo som√°tico que habitamos como mujeres. Esto no implica hacer p√ļblica una experiencia √≠ntima, sino tomar conciencia de su importancia a la vez que resguardamos los misterios de nuestras profundidades femeninas.

Ejercicio n¬ļ 2. Ejercicio de autoexploraci√≥n de la vulva: La mayor parte de las veces delegamos nuestro placer sexual en nuestra pareja, pero en el momento del parto es muy necesario que la mujer conozca perfectamente sus genitales. Por lo general, aceptamos que nuestro obstetra nos corrija o mejore nuestro perin√© a trav√©s de una episiotom√≠a. Pero hay que saber que la vagina no es un √≥rgano pasivo-receptivo, ya que posee, entre otras, una capacidad expulsiva gracias a la cual es posible el nacimiento de un nuevo ser. Por eso, adem√°s de hacer los ejercicios de movilizaci√≥n muscular sugerimos recorrer con el dedo los propios genitales mientras se los observa en un espejo, a fin de aceptarlos y reconocerlos como los protagonistas a la hora del parto. Este ejercicio tambi√©n puede realizarse en pareja. La observaci√≥n con el espejo puede ir seguida de un dibujo de toda la vulva que podr√° confrontarse con el diagrama arriba presentado, lo que ayudar√° a identificar los diferentes √≥rganos y a familiarizarse con esa zona del propio cuerpo, desconocida para muchas mujeres.

Ejercicio n¬ļ 3. Autoestimulaci√≥n clitor√≠dea y vaginal: Est√°n enmarcados dentro de los cl√°sicos ejercicios de “placereado genital y focalizaci√≥n sensorial” descriptos por los sex√≥logos norteamericanos William H. Masters y Virginia E. Johnson. Consisten en acariciarse las zonas er√≥genas sin esperar otro resultado que el de conocerse y disfrutar de las sensaciones que producen. Aprender a tocarse los genitales o mir√°rselos en un espejo, superando ciertas barreras de la inhibici√≥n cultural, ayudar√° a disminuir las distancias que se imponen las mujeres a la hora de parir, las cuales les impiden acompa√Īar la progresiva transformaci√≥n que van a protagonizar su vagina y el cuello de su √ļtero.
Para realizarlos sugerimos buscar un momento y un espacio con privacidad, y encarar la experiencia con espíritu exploratorio y una actitud desprejuiciada.
Mirándose en un espejo, comenzar recorriendo con los dedos los labios mayores, separarlos y descubrir en su interior la presencia de los labios menores, y de arriba abajo, el clítoris, el orificio de la uretra y el de la vagina. Una vez identificado el clítoris, reconocer sus diferentes partes: el cuerpo, el glande y el capuchón. Con los dedos humedecidos con una crema o aceite, frotarlo variando el ritmo y la presión hasta descubrir aquella que produzca más placer. La velocidad puede también ir variando hasta acercarse, si es que aparece, a la sensación orgásmica.
Puede también probarse introducir un dedo en la vagina recorriendo sus pliegues interiores y registrar cuáles son las zonas más sensibles, para luego contraer sus paredes presionando el dedo que se introdujo en su interior.




31 de Agosto

La energía vital de nuestro cuerpo

La dimensión orgánica




La dimensi√≥n org√°nica se relaciona con el centro bajo o Muladhara. Este centro se localiza alrededor del coxis, en la base de la columna, entre el ano y los genitales, y abarca la zona comprendida por la planta de los pies, la cara posterior de las piernas y los gl√ļteos. Le corresponde el plexo p√©lvico, donde encontramos los √≥rganos de la pelvis menor, el √ļtero en la mujer, la pr√≥stata en el hombre, la vejiga y el recto.
Corresponde a aquellos aspectos de la persona ligados a la materialidad, a la tierra como fuente de la que se nutre, a la fuerza tel√ļrica, a los aspectos m√°s primitivos del ser humano, aquellos que surgen de la manera m√°s salvaje y que lo conectan con su naturaleza animal.

Proporciona energ√≠a a los dem√°s centros y les da la vitalidad, el vigor y la resistencia que necesitan para poder funcionar saludablemente. En este nivel se producen todos los fen√≥menos f√≠sico-qu√≠micos estudiados por la fisiolog√≠a, que se encargan de mantenernos con vida. Se relaciona, fundamentalmente, con el sistema vegetativo, y es el responsable del buen funcionamiento de todos nuestros √≥rganos vitales. 


La salud de nuestro perin√©  

El periné, que corresponde al suelo de nuestra pelvis, constituye una parte fundamental de este centro. Efectivamente, los yoguis siempre lo han considerado una región energéticamente muy poderosa. Sin embargo, resulta habitual que las personas no conozcan dónde tienen su periné. Este desconocimiento de una parte anatómica tan fundamental puede obedecer a que su localización no resulta tan accesible a la propia mirada, aunque es más probable que sea porque en él están alojadas las funciones sexuales, histórica y socialmente tan reprimidas.
Esta zona del cuerpo, que va desde el pubis hasta el coxis y que conforma el piso de la pelvis, es la sede de nuestro aparato sexual uro-recto-genital. 


Ejercicios del periné

Teniendo en cuenta que en el trabajo de parto y en el parto mismo nuestro perin√© –el suelo de nuestra pelvis– debe contar con la flexibilidad suficiente para estirarse, pero tambi√©n debe poder relajarse, es importante tener en cuenta algunos ejercicios que pueden realizarse a lo largo de todo el embarazo, en el trabajo de parto y en el parto.

¨      En el embarazo: Es el per√≠odo en el que la funci√≥n de sost√©n del perin√© est√° m√°s exigida por el natural peso que ejerce el beb√© en forma continua, lo que aumenta considerablemente el trabajo de resistencia que estos m√ļsculos deben realizar. A su vez, por el cambio hormonal, este tejido se vuelve menos resistente.
Para contrarrestar esta situación y lograr además que en el momento del parto estos tejidos estén flexibles tanto para estirarse como para relajarse, es conveniente practicar regularmente, a lo largo de todo el embarazo, algunos ejercicios específicos. A través de ellos no sólo se obtendrá la conciencia y un buen manejo de su funcionamiento, sino que, además, se optimizará el placer en la experiencia sexual. He aquí una primera serie:


Ejercicio n¬ļ 1. Flexibilizaci√≥n pubocox√≠gea: Acostada boca arriba con las rodillas flexionadas y los pies apoyados en el suelo, contraer los m√ļsculos pubocox√≠geos (entre el pubis y el coxis) mientras se exhala, tratando de acercar el coxis al pubis. Hacerlo durante siete segundos y, luego, relajar mientras se inspira en los siete segundos siguientes.

Ejercicio n¬ļ 2. Ejercicio ante el esfuerzo: Toser fuerte teniendo contra√≠do el perin√©. Adoptarlo como h√°bito cada vez que se efect√ļe alg√ļn esfuerzo abdominal.

Ejercicio n¬ļ 3. Ejercicio de control de la micci√≥n: Uno de los ejercicios m√°s difundidos para controlar el funcionamiento de la zona perineal consiste en emitir la orina de a chorritos. Si bien sirve para localizar y manejar voluntariamente los m√ļsculos perivaginales, hacerlo varias veces en la misma micci√≥n puede alterar el reflejo de orinar, en la medida en que la uretra se ve obligada a reiniciar la micci√≥n cuando la vejiga ya no est√° tan llena, y esto puede perturbar su mecanismo haciendo que queden restos sin descargar que, a la larga, podr√≠an producir infecciones urinarias. Por lo tanto, aconsejamos practicarlo deteni√©ndose s√≥lo una vez, al principio de la micci√≥n, cuando se tienen ganas de orinar, cuidando luego de descargar totalmente la vejiga, y no hacerlo m√°s de una vez al d√≠a.
En realidad, se trata de vitalizar dicha musculatura a fin de adecuar su tono, tanto para la relajación como para la fuerza, para que en el momento del pujo se utilice de manera consciente y activa.

¨      Durante el preparto: Como preparaci√≥n para el per√≠odo expulsivo, en el que el perin√© corre m√°s riesgos de deteriorarse, recomendamos:
Un masaje que lo torne m√°s flexible, y ayude a familiarizarse con la sensaci√≥n de estiramiento. Para ello, recorrer con dos dedos juntos los labios externos y el contorno de la vagina. Realizar un movimiento de vaiv√©n estirando el tejido, los m√ļsculos y la piel del perin√©. Evitar presionar el orificio de la uretra para prevenir cualquier posible infecci√≥n urinaria. Puede utilizarse una crema o bien un aceite de almendras cuidando que las manos est√©n bien limpias. Conviene iniciarlo seis semanas antes de la fecha probable de parto. Se sugiere compartirlo con la pareja.
Ba√Īos de inmersi√≥n o de asiento: Ya sea en la ba√Īera o haciendo un ba√Īo de asiento con agua tibia, en el per√≠odo previo al expulsivo.
Pa√Īos calientes: Un pa√Īo caliente, h√ļmedo o seco, apoyado en el perin√© tambi√©n puede servir para relajar estos m√ļsculos.

¨      En el parto:
Ejercicio n¬ļ 4. Se recomienda la posici√≥n vertical, y en especial la de cuclillas, con la que se ampl√≠a el di√°metro p√©lvico. Adem√°s, en esta posici√≥n el peso del apoyo de la cabecita del beb√© se reparte en forma pareja, lo cual previene desgarros perineales.

Tener en cuenta que si se está bajo efecto de la anestesia peridural, este reflejo se verá disminuido y será necesario apelar al pujo con respiración bloqueada, que si bien puede resultar más efectivo, genera una excesiva presión sobre el periné.

Orientación del pujo: Si no se ha perdido la sensibilidad, tratar de orientar el pujo hacia adelante, es decir hacia el periné anterior, ya que el recorrido del bebé no es recto sino curvo.
Dejar de pujar: Detener el pujo si la partera considera que en cierto momento eso puede proteger un poco más el periné.


Episiotomía no sistemática
Es recomendable conversar con el m√©dico sobre el uso rutinario de la episiotom√≠a, dado que, a partir de las √ļltimas investigaciones, se ha comprobado que √©sta no previene desgarros, sino que, por el contrario, ella misma puede ser la responsable de lesionar el perin√©.


¨      Durante el posparto: Pueden realizarse algunos primeros ejercicios de contracci√≥n y relajaci√≥n perineal ya en los primeros d√≠as despu√©s del parto. Pero  deben ser hechos con suavidad y no m√°s de siete veces por vez distribuidas a lo largo del d√≠a. 

Durante las dos primeras semanas del puerperio, en las que el periné está recuperándose de las consecuencias del estiramiento al que fue sometido en el parto, hay que evitar las posiciones verticales de sobrecarga o cualquier esfuerzo que pueda presionarlo. Sobre todo el que se produce al alzar objetos pesados o el generado por la presión que le ocasionan los abdominales al contraerse fuertemente.
Es recomendable por lo tanto, si se realizan ejercicios abdominales, mantener contraído todo el suelo de la pelvis mientras se los practica. También conviene que el esfuerzo abdominal vaya efectuándose en forma progresiva hasta completar las seis semanas posteriores al parto.

Ejercicio n¬ļ 5. Luego, los ejercicios consistir√°n en contraer y relajar la musculatura perineal como si se estuviera reteniendo y soltando alternativamente la orina, buscando posiciones invertidas que lo liberen del peso que ejercen los √≥rganos sobre toda su superficie a causa de la fuerza de gravedad.
En caso de episiotom√≠a, una compresa fr√≠a puede calmar el dolor. Una vez cicatrizada se puede masajear la zona afectada con aceite de almendras o alguna crema que ayude a ir recuperando progresivamente su sensibilidad. 





17 de agosto


El milagro de la vida
La dimensión espiritual
"La dimensión espiritual está relacionada con el centro coronario o Sahasrara. Este centro nace detrás del punto medio de la cabeza, donde se halla la glándula pineal, y se abre hacia la coronilla. Es allí donde la humanidad ha representado simbólicamente la espiritualidad de una persona. Podemos verla dibujada como una aureola en los santos o también como la corona del rey, cuya autoridad es considerada de origen divino. Es la puerta de entrada de la energía cósmica, y el lugar hacia donde debe dirigirse la energía de los demás centros para encontrarse en unidad con lo infinito. Simboliza el mundo espiritual, que lo abarca todo de manera ilimitada, en el cual la conciencia queda libre de fronteras."
El milagro de nacer a otra vida Parir es poner al mundo en movimiento al traer a √©l nuevos seres. En cada nacimiento se renueva la historia de la humanidad. Pero nacer es tambi√©n comenzar a morir, as√≠ como morir es, de alg√ļn modo, nacer a otra vida. El pasaje de uno a otro estado ha sido objeto de diversas interpretaciones en diferentes religiones y culturas a lo largo de la Historia de la humanidad. Y no han sido pocos los pensadores para quienes la pregunta por los or√≠genes y por la muerte ocup√≥ un lugar central en sus teor√≠as filos√≥ficas. En nuestra cultura, sin embargo, el contacto con el tema de la muerte suele evitarse. Asociamos la idea a la enfermedad, y no disponemos de recursos para acercarnos a ella como una experiencia inherente a la vida. No existe en nuestro medio una educaci√≥n para la muerte, como tampoco la hay para el nacimiento. 25 de julio


Al encuentro del otro

La dimensión afectiva

La dimensión afectiva se relaciona con el centro cardíaco o Ananhata. Su tallo se ubica en la columna dorsal alta y se abre en el pecho a la altura del corazón. Abarca también los brazos y las palmas de las manos.
El coraz√≥n simboliza la entrega, el amar y ser amado. Las enfermedades cardiovasculares han sido vinculadas con problemas de √≠ndole afectiva mucho antes de que se conociera la medicina psicosom√°tica. Al dar la mano —proyecci√≥n de nuestro pecho—, estamos expresando amistad y confianza. Esa zona corporal tambi√©n representa voluntad de acci√≥n y afirmaci√≥n de la personalidad, como cuando se nos pide “sacar pecho” para enfrentar una dificultad. As√≠ el amor, la voluntad y la afirmaci√≥n son los s√≠mbolos del centro card√≠aco, pero tambi√©n podemos ver su manifestaci√≥n en conductas como el rechazo, la competencia o la exclusi√≥n del otro. En definitiva, este centro comprende todos los sentimientos que surgen en nuestra vida de relaci√≥n.
Durante el embarazo, la mujer suele encerrarse en su mundo interno. Por lo tanto, el trabajo correspondiente a la dimensión afectiva consistirá en confrontarse con el mundo externo, revisar cada uno de sus vínculos (la pareja, la familia, los amigos, su entorno laboral) y tratar de ampliar la perspectiva con la que construyó su trama relacional, a fin de enriquecer la comunicación tanto con sus interlocutores habituales como en el nuevo diálogo con el bebé.
Esta etapa de la vida es una gran oportunidad para desarrollar nuestra capacidad de dar, de brindarnos a los demás y, fundamentalmente, de abrirnos al nuevo ser que estamos gestando. Abrir significa soltar, aprender a dar y a recibir, todo lo cual, a la vez, fortalece nuestra autoestima, nuestra confianza y la afirmación de nuestro yo. También nos ayuda a desarrollar la voluntad, la solidaridad y la compasión.


Las conductas respiratorias

Muchas veces, al enfrentar una situación difícil solemos inspirar más profundamente en forma espontánea para darnos impulso. Tomamos aire para reunir coraje al encarar un problema, también porque necesitamos calmarnos si estamos muy ansiosos o angustiados, o para enfrentar el dolor. Quiere decir que los motivos por los cuales alteramos la respiración son muchos y muy diferentes, y que podemos regularla o modificarla automáticamente en función de las circunstancias. Es desde esta perspectiva que planteamos el gesto respiratorio como conducta.
Cuando estamos “vueltas hacia adentro”, como ocurre durante el embarazo, abrir el chakra del coraz√≥n puede poner las cosas en perspectiva ya que ayuda a expandir la mirada. Llevar la respiraci√≥n desde la zona baja a la regi√≥n del centro card√≠aco es beneficioso cuando se trata de poner una distancia saludable con el mundo de las emociones.

El encuentro con el otro

Gracias a que estamos separados y no en fusi√≥n, nos es posible encontrarnos con otro. Un hijo es el producto de una relaci√≥n con otro. Esto es lo que nos ayuda a vivirlo como diferente. Es precisamente en el encuentro er√≥tico y en el deseo de un hijo —tal vez los m√°s √≠ntimos que existan— que esta experiencia se materializa. All√≠, en la m√°xima proximidad, se me revela la distancia que me separa de mi pr√≥jimo y es en ese encuentro que reconozco lo diferente. 


¿Es el amamantamiento una elecci√≥n o un deber?

Desde el punto de vista fisiol√≥gico, nuestro cuerpo de mujer est√° preparado para amamantar. Pero dar de mamar es una experiencia que va mucho m√°s all√° de una funci√≥n biol√≥gica, en la medida en que se juega en un escenario corporal —el de nuestros pechos— comprometido con nuestro erotismo y nuestra sexualidad, que involucra la relaci√≥n con un otro —nuestro hijo—, que afecta nuestro v√≠nculo de pareja, que condiciona nuestras relaciones familiares y sociales y nuestros compromisos laborales. Adem√°s es un proceso altamente determinado por condiciones geogr√°ficas, socioecon√≥micas y culturales.
Actualmente, en los medios urbanos, las mujeres no tienen un contacto previo directo con la experiencia de dar de mamar. A diferencia de otras comunidades, en las que las ni√Īas, por crecer en el seno de familias numerosas, iban aprendiendo naturalmente el arte de amamantar, la mujer de hoy no cuenta con ese saber transmitido por sus pares y sus mayores y, la mayor√≠a de las veces, necesita de una orientaci√≥n y de una informaci√≥n que la ayuden a ir superando las dificultades naturales que suelen presentarse.
Es com√ļn considerar que, por tratarse de un proceso natural, no vamos a tener ning√ļn problema. Sin embargo, muchas de nuestras conquistas culturales, las nuevas exigencias que se nos imponen como mujeres y la falta de una adecuada educaci√≥n y acompa√Īamiento hacen del amamantamiento un proceso complejo. A veces la mujer no puede amamantar y eso le hace sentir culpa. Cree que s√≥lo a ella le pasa y que no tiene “pasta para ser madre”. O si su mam√° tampoco pudo, piensa que lo suyo es un “mal hereditario” (lo cual es un error). Tambi√©n puede ocurrir que su pareja se sienta desplazada o invadida por la presencia continua de las mamadas, o que ella trabaje todo el d√≠a y no consiga organizarse con recursos como los de colectar su leche y almacenarla en el freezer. O que la cantidad de leche sea insuficiente. Los casos pueden ser muy variados y la culpa no ayuda a mejorar las cosas.
La ayuda de alguien con experiencia se hace muy necesaria. No se trata de que nos den la receta, porque la lactancia es un proceso de dos, muy personalizado, muy vincular, donde lo que funciona bien para una mamá no funciona para otra. Se trata de pistas que nos orienten en algunas situaciones difíciles.
Por otra parte, la aparición en el mercado de leches sustitutas de la materna colocan a la mujer frente a la responsabilidad de decidir por el tipo de alimentación a ofrecer a su cría. Es innegable la superioridad de la leche humana sobre la artificialmente maternizada para el cachorro recién nacido, pero ante la imposibilidad de amamantar, ya sea por motivos emocionales como por cualquier otro tipo de limitaciones, hay que pensar que dar una mamadera con un abrazo afectuoso puede brindarle a nuestro hijo los nutrientes más importantes que necesita para crecer.
Si la mujer cuenta con información adecuada, podrá sentirse libre para elegir dar o no de mamar.
Algunas campa√Īas de organizaciones que defienden la lactancia natural promueven el amamantar, y aunque esta promoci√≥n sea bienintencionada, genera en las mujeres mucha presi√≥n. Sin embargo, creo en el poder de alentar y acompa√Īar sin obligar, sin imposiciones que cataloguen la decisi√≥n de amamantar como “buena” o “mala” . No se puede desconocer la historia familiar, psicosexual, de pareja, laboral o profesional ni el contexto socioecon√≥mico en el cada mujer vive.
En el amamantamiento no s√≥lo se pone en juego la alimentaci√≥n del hijo, sino tambi√©n el v√≠nculo amoroso que se crea con la mam√°, y ninguna relaci√≥n amorosa puede ser planteada en t√©rminos de obligaci√≥n. Sin embargo, somos conscientes del riesgo nutricional al que est√° expuesta gran parte de nuestra poblaci√≥n, por lo que nuestro desaf√≠o como profesionales es acompa√Īar a todas las mujeres a llevar una lactancia exitosa, que garantice tambi√©n su salud psicol√≥gica al escuchar sus posibilidades emocionales y favorecer las condiciones para que √©sta sea posible.

Algunas décadas atrás eran muy comunes las familias numerosas, y el hecho de compartir la vivienda implicaba que siempre hubiera una mujer amamantando. En cambio hoy, fundamentalmente en las grandes ciudades, la experiencia del amamantamiento es más acotada, menos espontánea y no se vive de modo tan natural, lo que muchas veces obliga a la mujer a buscar asesoramiento.




17 de julio

Cuando las emociones se desbaratan

La dimensión emocional


La dimensi√≥n emocional se relaciona con el centro medio o Manipura. Este centro est√° localizado en la zona de la cavidad abdominal, la que en el embarazo es abarcada por el √ļtero en crecimiento. Su tallo se sit√ļa en la columna dorsal baja, a la altura de la sexta v√©rtebra, y sus p√©talos se abren en el epigastrio o boca del est√≥mago, por sobre el ombligo.
Este centro est√° relacionado con la vida emocional, llamada “maya” por los yoguis, y que en s√°nscrito significa “ilusi√≥n”, lo cual alude a la fatuidad y la inconsistencia de las emociones, que a diferencia de los sentimientos —verdaderas construcciones de la dimensi√≥n afectiva—, constituyen una experiencia pasajera. En permanente estado de cambio bajo el influjo de los est√≠mulos externos, las emociones se manifiestan a trav√©s de respuestas motoras. Es as√≠ como los est√≠mulos son transformados en movimiento y expresi√≥n.
A este centro le corresponde el plexo solar, y los √≥rganos que comprende son aquellos del aparato digestivo: el est√≥mago, el duodeno, el intestino y el p√°ncreas, todos vulnerables a las emociones y con gran tendencia a responder a las presiones ambientales con perturbaciones sintom√°ticas, lo cual constituye muchas de las llamadas enfermedades psicosom√°ticas. Expresiones coloquiales como: “me pate√≥ el h√≠gado” o “tengo un nudo en el est√≥mago” sin dudas remiten a este tipo de malestares.


Emocionarse de dolor 

Como las dem√°s emociones, la del dolor no existe como sustancia fuera de quien la experimenta. Cuando decimos “me” duele, nos referimos a esa experiencia que vivimos en nuestra subjetividad, que nos sucede de manera √ļnica e incomparable a aquella que vivencia el otro. Experiencia que, sin embargo, aprendemos culturalmente a significar a lo largo de nuestras vidas.
El antrop√≥logo brit√°nico Desmond Morris plantea en La cultura del dolor: “La experiencia del dolor est√° conformada por fuerzas culturales, por la potencia del g√©nero, la religi√≥n y la clase social. Ciertos estados psicol√≥gicos y emocionales como la culpa, el miedo la ira, la pena y la depresi√≥n lo refuerzan y, a veces, lo crean” (p. ...). No acepta que exista una diferencia entre el dolor f√≠sico y el mental, ya que los considera a ambos como pertenecientes a las experiencias b√°sicas humanas que simplemente vivimos como personas.
¿Por qu√©, entonces, tenemos con el dolor una relaci√≥n de tanto rechazo, aun sabiendo que muchos de los procesos de crecimiento conllevan cierto grado de √©l, y que de los momentos dolorosos en general hemos aprendido mucho de lo que somos? ¿Por qu√© le huimos?
Es la paradoja con la que nos enfrentamos cuando abordamos este tema. Probablemente, agrega Morris, sea su car√°cter misterioso el que lo torne temible al perturbar un mundo al que d√°bamos por cierto. Quiz√° por ello, como humanos, necesitemos interpretarlo, darle un significado personal, y eso nos diferenciar√≠a, seg√ļn este autor, de los dem√°s animales.
No es casual que el miedo al dolor sea uno de los primeros que las mujeres confiesan experimentar frente al parto, y tambi√©n el eje sobre el que se construyeron las cl√°sicas propuestas de preparaci√≥n al parto, como las del “parto sin temor” de G. D. Read o el “parto sin dolor” de F. Lamaze.
Pero el dolor no es una experiencia que alguien tenga derecho a quitarnos, es nuestra, √ļnica y subjetiva, y tendremos que aprender a descifrarla, ya que es parte de nuestra existencia.
Para el pedagogo austr√≠aco Ivan Illich, cada cultura tiene su modo de afrontar el dolor, pero “la civilizaci√≥n m√©dica intenta privar el dolor de su significado personal”. Coincidimos cuando dice que es una experiencia solitaria, intransferible. El dolor abre una pregunta, “es el signo de algo no contestado”. Su valor consiste en poner en marcha nuestras habilidades para enfrentarlo. Al intentar aplacarlo, “la medicalizaci√≥n priva a cualquier cultura de la integraci√≥n de su programa para enfrentar el dolor”. Para Illich, entonces, es la cultura quien hace tolerable el dolor al integrarlo en un sistema significativo. Diferencia el rol que juega en cambio la civilizaci√≥n cosmopolita, que “aparta el dolor de todo contexto subjetivo o intersubjetivo con el fin de aniquilarlo”.
A partir de las ideas que han pensado estos autores, me pregunto por aquellas que podr√≠an ayudarnos a comprender el papel que el dolor desempe√Īa en el tema que nos ocupa especialmente, el del parto.
Lo imagino como un provocador que viene a despertarnos de nuestro letargo vital. Que nos inquieta, nos desestabiliza y nos conmina a construir recursos para enfrentarlo.
Como en toda experiencia de pasaje a un nivel de mayor crecimiento, desaf√≠a nuestra capacidad de crear herramientas con las que a√ļn no cont√°bamos
Nos observa, sigiloso, cómo nos esforzamos primero por evitarlo, luego por elevar nuestro umbral para no percibirlo tan intensamente y, finalmente, por reconocer con humildad nuestra limitada capacidad para someterlo.
Una cultura como la nuestra, tal como plantea Illich, no s√≥lo niega su existencia, sino que tambi√©n nos provee de modelos que nos gu√≠en mientras lo transitamos. As√≠, sin prepararnos para ir a su encuentro, nos sorprende s√ļbitamente en alg√ļn acontecimiento de nuestra vida en el momento mismo en que est√°bamos por dar un nuevo paso. Pero no, no aceptamos caernos y, en lugar de aprender a hacerlo para que la ca√≠da no nos quiebre y poder as√≠ levantarnos y seguir con nuestro vuelo, nos resistimos a atravesarlo y ensayamos toda suerte de estrategias para esquivarlo y, si es posible, aniquilarlo.
Nos vemos de golpe en medio del dolor, extra√Īados por su presencia, y adem√°s nos sentimos estafados en nuestra buena de fe, por haber cre√≠do en un mundo de puros placeres.
No quiere decir esto que nuestro destino sea vivir revolc√°ndonos gozosos en el dolor, procurando atravesar masoqu√≠sticamente la mayor cantidad de situaciones sufrientes. El dolor del que hablamos es aquel que acompa√Īa a todo proceso de cambio, ese que se hace inevitable, al que no podemos renunciar si queremos seguir creciendo. Y cuando pretendemos silenciarlo, usamos las energ√≠as que necesitamos para poder disfrutar de los placeres e intensidades.
El dolor de la vida es el que nos puede ense√Īar. El que nos transforma al hacernos desarrollar las habilidades necesarias para acompa√Īarlo.
El dolor del parto puede convertirse en una oportunidad para que se abra en nuestro cuerpo la pregunta que nos interpela. Para estimularnos a desarrollar conductas, ideas, emociones y actitudes con las que probablemente no contábamos hasta el momento. Respetémoslo, no lo descartemos de entrada. Démosle la oportunidad de mostrarnos el camino. Aunque no es imprescindible para que nazca nuestro hijo, puede serlo para que nazcamos nosotras a una nueva vida.


Si comprendemos que el dolor es parte de nuestro mundo emocional, reconoceremos que, al suprimirlo, estaremos también inhibiendo el flujo de otras emociones y terminaremos privándonos de aquellas que consideramos placenteras.


El dolor en el parto, de un extremo al otro 


Yo podr√≠a soportar el dolor hasta un determinado punto, pero creo que no voy a ser h√°bil para pujar; necesitar√≠a una anestesia para poder colaborar m√°s en el trabajo de parto, para poder disfrutarlo m√°s.”

“Querr√≠a que me dieran anestesia, sin tener experiencia y sin saber si lo voy a soportar o no; me da la tranquilidad de que voy a disfrutar m√°s del momento.”

“Nunca tuve situaciones de dolor muy grande, pero no s√© por qu√© mi intuici√≥n me dice que voy a terminar con una peridural.”

Hay mujeres que no consideran importante vivir la experiencia del momento del nacimiento de una manera consciente y activa. En sus fantas√≠as no aparece en ning√ļn momento la expectativa de que el parto les devele algo nuevo de s√≠ mismas, o que el misterioso dolor les deje a su paso alg√ļn aprendizaje. Menos a√ļn algo que puedan llegar a disfrutar. Para muchas, el parto es un trance que hay que superar y no algo para gozar, lo ven como intrascendente en la vida y en la historia sexual de una pareja.
La experiencia de parir ha quedado polarizada: en un extremo, la desesperación por el dolor y la soledad, el martirio, vivido tal vez como el castigo por el placer obtenido sexualmente en el momento de concebir; y en el otro extremo, el silenciamiento y la anestesia de todas las emociones y sensaciones de plenitud que puedan surgir en ese momento. No hay una experiencia intermedia que permita a la mujer integrar el dolor y, al mismo tiempo, expresar la satisfacción que genera el ser protagonista de las sensaciones por las que el cuerpo atraviesa, hora a hora, minuto a minuto, en el proceso de parto, al separarse de su hijo.
Cuando se pusieron de moda el “parto sin dolor” y el “parto sin temor”, se publicaban im√°genes en las que se ve√≠a a mujeres sonriendo en su trabajo de parto y que daban cuenta de la contradicci√≥n entre el discurso b√≠blico “parir√°s con dolor como un castigo” y el nuevo mandato de no expresar el dolor.

Pero el dolor durante el parto, en lugar de anunciar una enfermedad, significa que nuestro hijo está naciendo. Esta connotación cambia su percepción en forma radical: es un dolor saludable, que indica que el bebé está atravesando exitosamente el canal de parto. Es un dolor que, aunque podamos vivirlo de diferentes maneras, se siente pero no se sufre.

Lo que ocurre es que nuestras creencias determinan nuestras conductas, y hoy el discurso tecnológico del parto se ha convertido casi en un mandato a seguir.
Por otra parte, la falta de conocimiento y/o de referencias sobre las posibilidades de partos fisiológicos vuelven muy difícil, para determinada población, imaginar esta experiencia sin la administración de químicos que le supriman cualquier tipo de sensación.
En la vida hay dolores que, por lo que representan, se tornan disfrutables y producen cierto nexo con el placer. Cuando hacemos un trabajo corporal, por ejemplo un estiramiento, percibimos que el m√ļsculo se est√° elongando y por eso duele, pero al mismo tiempo sentimos placer: sabemos que est√° produci√©ndose una transformaci√≥n en el cuerpo y lo disfrutamos, porque sentimos que es un dolor positivo.
Si pudi√©ramos internarnos en este tipo de experiencias, identificar√≠amos diferentes tipos de dolor ante los que reaccionar√≠amos de distinta manera. Algunos pueden actuar como se√Īales de alarma para que efectuemos un cambio, como ocurre cuando cambiamos de posici√≥n por otra mas c√≥moda al dormir; otros pueden actuar como desaf√≠os a nuestra capacidad de tolerarlo, como ciertos esfuerzos f√≠sicos, progresivamente m√°s dif√≠ciles de alcanzar; otros nos proponen explorarlos en su expresi√≥n m√°s sutil para aprender a manejarlos, y est√°n esos dolores que, por familiares o revisitados, van elevando nuestro umbral para percibirlos y nos permiten intensificar cada vez m√°s nuestra exposici√≥n a su acci√≥n.
Cuando el dolor es constante durante mucho tiempo, nuestras defensas van bajando y no podemos resistirlo. Por eso, lo ideal sería que pudiéramos estar atentas y observar qué tipo de dolor sentimos, cuál es nuestro estado emocional al vivirlo, en qué contexto éste se produce, de qué momento de nuestra vida se trata y, sobre todo, qué interpretación le damos. Cuán esperable es dentro del ámbito en el que nos movemos. Es que el dolor es algo que tiene mucho que ver con lo cultural.
En cuanto a aquel de parto, tambi√©n se halla sujeto a estas condiciones. Resulta siempre subjetivo, no medible en volumen ni en peso, y su percepci√≥n var√≠a seg√ļn la mujer y su experiencia. Habr√° algunas mujeres que dicen no haber sentido dolor, pero no es lo que aparece como relato, dentro de nuestra cultura, con mayor frecuencia.

“Cada parto fue distinto. En el primero, no ten√≠a contracciones muy marcadas. S√≠ picos de dolor, pero no ten√≠a los descansos. Fueron muchas las horas de dolor permanente, constante, y yo necesitaba que se terminara. En cambio en el √ļltimo, el dolor fue muy r√≠tmico, ven√≠a y yo sab√≠a que un ratito despu√©s iba a tener un respiro. Era cuesti√≥n de atravesar ese momento.”

“Las contracciones que m√°s dolieron fueron las √ļltimas. Sent√≠a que hab√≠a una presi√≥n hacia abajo, despu√©s pasaron unos quince minutos y fue aflojando... Trat√© de relajarme y respirar; pensaba en la beba, en que ella pudiera ir haciendo su camino.”

“Una puede atravesar naturalmente la contracci√≥n aunque sienta mucho dolor. Yo voy a hacer todo lo que pueda.”

“Me encantar√≠a hacer todo el parto sin ninguna anestesia, y voy a ir con la mejor intenci√≥n. Pero si veo que el dolor interfiere con la posibilidad de pujar o con tener un parto mejor, o que retarda el nacimiento del beb√©, entonces quiero usarla.”

Es fundamental el entorno con el que se cuenta mientras se siente el dolor. No es lo mismo estar con alguien que nos est√© acompa√Īando hacia un parto natural, que nos d√© aliento y nos proporcione recursos corporales, respiratorios, imaginativos, cognitivos y de todo tipo, que estar frente a alguien que diga: “Cuando necesites anestesia, avis√°me, que igual ya est√° el anestesista”. Esto nos dejar√° m√°s pendientes de la forma de suprimir el dolor, y menos de c√≥mo generar recursos propios. Y es que pondremos tanta expectativa en la llegada del m√©dico o el anestesista, que nos perderemos de vista a nosotras mismas y olvidaremos que contamos con esos recursos. O peor a√ļn, cuando al conversar con el m√©dico sobre nuestra preferencia de que no nos administren la peridural, √©ste nos responde: “Ya vas a ver c√≥mo me la vas a pedir”.
Lamentablemente, hoy no hay muchos equipos que acompa√Īen fisiol√≥gicamente el parto. Algunos a√Īos atr√°s, la mayor√≠a de las mujeres pas√°bamos por la experiencia del parto sin usar anestesia. Es probable que lo hayamos hecho porque no hab√≠a a nuestro alrededor tanta presi√≥n para hacer uso de ella como ocurre actualmente. Muchas veces, tengo la oportunidad de hablar con los m√©dicos obstetras sobre los motivos para un √≠ndice tan alto en el uso de la periduaral y la respuesta es que se encuentran con pocas mujeres que se inclinen por el parto fisiol√≥gico.
Algunas personas ponen el cuerpo de un modo y otras de otro modo. Pero lo cierto es que si no queremos recurrir a una anestesia, tenemos que estar dispuestas a atravesar una cuota de dolor quizá más alta. Algunas aceptan transitarlo y lo hacen con una actitud activa: respirando, emitiendo sonidos, cambiando de posiciones, porque es muy difícil sostenerlo sin hacer nada.
Lo importante es hacer una buena preparaci√≥n que incluya el conocimiento del propio cuerpo, as√≠ como reflexionar, participar de conversaciones sobre el tema y ver im√°genes de distintos tipos partos, ya que de ese modo lograremos transformar el miedo a lo desconocido en un temor m√°s manejable. Tal vez no podamos suprimir el dolor, pero construiremos con √©l una relaci√≥n diferente. Proponemos no pelearnos con el dolor, sino aceptarlo como parte de la situaci√≥n, como una experiencia que tenemos derecho a vivir, y enfrentarlo de acuerdo con nuestras posibilidades. Algunas mujeres necesitar√°n analg√©sicos, otras anest√©sicos y otras nada de eso. Y si alguien dice: “Yo quiero s√≠ o s√≠ tenerlo con peridural”, tiene que poder hacerlo sin sentirse culpable por eso.
La idea es no ser pasivas frente al dolor, sentir que está, pero que podremos manejarnos, comunicarnos y relacionarnos con él. Es decir, modificar sustancialmente nuestro vínculo con el dolor.
Hay que saber que la contracci√≥n no es eterna, sino que como m√°ximo dura un minuto y luego viene un per√≠odo de recuperaci√≥n para poder enfrentar la siguiente. Podemos y tenemos todo el derecho de decir “no estoy dispuesta a hacer ese trabajo, no quiero, es un trabajo que me demanda una energ√≠a que hoy no tengo posibilidades de poner en este dolor”, pero en este caso perderemos de vista que ese dolor podr√≠a enriquecernos como personas y trasformarnos. Y de eso se trata, de ver qu√© ventaja podemos sacar de √©l como experiencia de vida, en la medida en que no nos inhabilite para pujar o para ser eficientes en nuestro trabajo.
Es importante saber si la necesidad de la anestesia que a veces las mujeres expresan es verdaderamente una necesidad propia, o es, quizá, producto del manejo que se hace sobre el tema dentro del sistema actual de atención médica del parto.
La hipertecnologizaci√≥n de la obstetricia desconoce que pretender suprimir el dolor acarrea el riesgo de suprimir tambi√©n el placer, y todas las emociones que acompa√Īan ese proceso.
Los siguientes son algunos de los riesgos y recomendaciones a tener en cuenta a la hora de decidir por una anestesia peridural. Si bien su administración, hoy en día, ocasiona muy pocos peligros para la mamá y para el bebé, éstos no deben minimizarse:

Riesgos
¨      El m√°s frecuente es la hipotensi√≥n. Para evitarlo, ser√≠a conveniente no acostarse sobre la espalda.
¨      Tambi√©n puede producir incontinencia urinaria. Se recomienda practicar los ejercicios Kegel, descriptos en el cap√≠tulo 2, antes y despu√©s del parto.
¨      Tambi√©n suele provocar temblores y picaz√≥n en la cara o el cuello, y m√°s frecuentemente n√°useas y hasta v√≥mitos.
¨      A algunas mujeres les provoca dolor de espalda en el posparto como consecuencia de haberse mantenido acostadas durante muchas horas.
¨      Aunque el porcentaje de riesgos para el beb√© es bajo, su administraci√≥n puede afectar levemente los latidos as√≠ como debilitar su reflejo de succi√≥n en los primeros momentos inmediatamente despu√©s del parto.

Recomendaciones
¨      En caso de necesitar utilizarla, ser√≠a conveniente esperar hasta los 5 cm de dilataci√≥n, ya que por debajo de esa cifra se incrementa la probabilidad de terminar en ces√°rea.
¨      Evitar la posici√≥n acostada.
¨      Comenzar a pujar s√≥lo cuando la cabeza del beb√© ya est√© asomando.
¨      Tratar de mantenerse concentrada en la experiencia del nacimiento a pesar de no sentir dolor.

¨      Solicitar en lo posible una dosis m√≠nima.



10 de julio

Mitos en torno a la sexualidad de la mujer embarazada

Para las mujeres que habitualmente disfrutan de su cuerpo y que est√°n m√°s en contacto con sus sensaciones, el embarazo brinda una oportunidad de gozar su sexualidad ya que despierta aun m√°s sus capacidades sensibles.
Pero tomando la sexualidad en un sentido relacional, hay parejas muy inhibidas durante esta etapa: hombres que no se sienten atra√≠dos por sus mujeres en este estado o que est√°n muy poco motivados sexualmente, y tambi√©n mujeres que frente a un hombre algo intimidado se tornan m√°s deseosas y con mayor iniciativa, lo cual da lugar a un juego de roles complementarios. Hasta ocurre que algunos varones presentan episodios de impotencia y de disfunciones erectivas durante el embarazo de su compa√Īera porque sienten la potencia y el poder de ella en disparidad con los propios, y reci√©n consiguen recuperar su capacidad er√©ctil en el posparto, cuando ellas se encuentran agobiadas por el trabajo de atender al beb√© y con ojeras debido a la falta de sue√Īo.
Hay preguntas que muchas veces ni el médico obstetra se ha atrevido a enfrentar abiertamente. Por ejemplo, si se lo consulta por la restricción o no de las relaciones sexuales, en caso de que sean contraindicadas nunca se puntualiza cuál de las prácticas sexuales es específicamente alcanzada por dicha restricción. De ahí que muchas veces las parejas terminan renunciando incluso hasta al contacto.
El afán puesto en un buen desarrollo del trabajo de parto y en la atención del recién nacido hace desviar la mirada de la relación de la futura madre con el futuro padre, y del fortalecimiento del vínculo de la pareja como el mejor sostenedor en la construcción de la nueva familia. Como si una vez cumplido su cometido como reproductora y mantenedora de la especie, la sexualidad debiera replegarse hasta encontrar nuevamente una vía de expresión aceptada y privilegiada a través de otra concepción.

El hecho de que no se la prestigie como debiera tal vez obedezca a que su ejercicio durante el embarazo pone en evidencia su independencia de lo reproductivo y deja al descubierto su importancia para el intercambio del placer entre un hombre y una mujer. Cuesta entonces comprender al embarazo como la mayor manifestación de la sexualidad de una pareja, y a ésta compartiendo el ámbito de lo materno.

Aparecen los mitos de la mujer embarazada semivirgen, asexuada, convalidados hasta hace muy poco por una moda de ropa casi infantil, inocente, que en lugar de resaltar las nuevas ondulaciones se empe√Īaba en ocultarlas tras un mono. Ni siquiera se ve√≠an fotos en revistas o pel√≠culas que ayudaran a construir una imagen de mujer sexual como las que pod√≠an verse en cualquier escena er√≥tica. Y si alguien se atrev√≠a a encontrarla atractiva, desnudando fantas√≠as debajo de j√ļmperes grandes como carpas y de retratos de rom√°nticas im√°genes sobre una mecedora, se lo consideraba un perverso sexual. Para las embarazadas s√≥lo quedaba la ternura, el afecto, los antojos, los dulces, los mimos, las concesiones, los privilegios. Como me dijo una vez una embarazada: “¿Y con la calentura qu√©?”.
Si revisamos algo de la fisiolog√≠a durante la gestaci√≥n, nos encontramos con una excitaci√≥n aumentada por la vasodilataci√≥n de la pelvis, un incremento de la lubricaci√≥n vaginal a partir del tercer mes, un mayor desarrollo de la llamada plataforma org√°smica debida a una mayor vascularizaci√≥n de la zona, la aparici√≥n de orgasmos m√ļltiples aun cuando antes no se hubieran manifestado, y hasta una carga sexual constante, que mantiene vivo el deseo todav√≠a despu√©s de la etapa de resoluci√≥n del orgasmo, ya que la descarga es m√°s lenta y no alivia tan eficazmente la tensi√≥n.
Si todo esto est√° sucediendo en el cuerpo de la mujer, ¿por qu√© ser√° que muchas no sienten deseo, o lo ven disminuido, especialmente en el primer y tercer trimestres?
Estamos nuevamente frente a un fen√≥meno en el que todos los factores intervienen simult√°neamente, ya que adem√°s de las condiciones arriba mencionadas existen circunstancias que inhiben el deseo, como los t√≠picos s√≠ntomas de los primeros meses: aumento del sue√Īo, fatiga, sensaci√≥n de n√°useas, adaptaci√≥n al nuevo esquema corporal con las emociones que esto despierta, el no encontrar la posici√≥n adecuada para hacer el amor, la necesidad de replegarse sobre s√≠ misma, y los cambios humorales causados por la impregnaci√≥n hormonal.
Por otro lado, a la mujer le cuesta conciliar su nueva imagen de madre con la de una mujer deseante. En su fantasía infantil, las madres no tienen, actividad sexual.

Tambi√©n el hombre vive momentos de cambio. Se enfrenta con su paternidad, con sus miedos; se siente a veces excluido de esa relaci√≥n corporal tan estrecha entre su hijo y su mujer y no sabe c√≥mo incluirse. Teme que la penetraci√≥n del pene en la vagina pueda da√Īar al beb√© o desencadenar en su mujer el trabajo de parto; se asusta de sus propias sensaciones si descubre el erotismo en la maternidad de ella. Se pregunta si no afectar√° su sexualidad presenciar el parto de su mujer durante el nacimiento de su hijo. Se encuentra frente a un cuerpo distinto, al que desea, pero a la vez al que teme recorrer, probablemente porque, con su car√°cter maternal, le despierte fantas√≠as ed√≠picas que lo angustian.

Hombre y mujer atraviesan una crisis que, entendida como riesgo y oportunidad al mismo tiempo, los enfrenta con la posibilidad de enriquecer la sexualidad que tenían hasta entonces. Es el momento de ampliar las posibilidades de contacto, de recuperar zonas de pacer olvidadas, o tal vez desconocidas, de probar nuevas vías de gratificación (con la boca, con las manos o en otras posiciones). El ya innecesario cuidado anticonceptivo también es un factor que predispone a un encuentro sexual más espontáneo.
Las dificultades y hasta las posibles contraindicaciones médicas para un coito con penetración pene-vagina pueden transformarse en un verdadero desafío para la creatividad de los dos. También lo es encontrar posiciones coitales en las que se pueda regular la profundidad de la penetración.
Descontraer la pelvis y ondular las caderas est√° facilitado ahora por la relaxina (hormona que flexibiliza las articulaciones atendiendo las necesidades del parto) y es una buena oportunidad para desplegar en el juego sexual.
El aumento en el tama√Īo de los pechos es para muchas parejas fuente de excitaci√≥n, aun cuando en el momento del orgasmo puede observarse una p√©rdida involuntaria del control de leche, una evidencia m√°s de lo enlazados que est√°n los procesos de ser mujer-madre y mujer-sexual. En muy poco tiempo el hijo de ambos adquirir√° otra presencia y traer√° sus demandas, exigir√° un tiempo que antes s√≥lo les pertenec√≠a a los dos; el espacio se inundar√° de nuevos olores, nuevos sonidos, tal vez de algunas renuncias, o simplemente postergaciones. Pero m√°s all√° de cuarentenas y sue√Īos mal dormidos, pap√° y mam√°, hombre y mujer, defender√°n ese espacio que aprendieron a conquistar durante los nueve meses de embarazo, y lo preservar√°n, seguros de transmitir a la prole, con la uni√≥n de sus cuerpos, el deseo y el amor por la intimidad.


El orgasmo durante el embarazo 

Estadísticamente, no todas las mujeres han experimentado un orgasmo, pero no es que no puedan sentirlo. Quizás no lo hayan alcanzado, pero estén cerca, y podrían alcanzarlo en la medida en que empezaran a sentirse, a percibir y a conocer más el funcionamiento de sus cuerpos.
El orgasmo femenino es una respuesta refleja a un estímulo que puede tener distintos orígenes, tanto psicológicos, fisiológicos, como específicamente mecánicos. Para que una mujer experimente un orgasmo, más allá de contar con condiciones emocionales favorables, en general hace falta una estimulación directa o indirecta en su clítoris, órgano que por lo general le es poco conocido y del que no se habla demasiado. No hay obstetra o ginecólogo que revise el clítoris, nadie se ocupa de él pues no tiene una función reproductiva, sino sólo una función para el placer. Ni siquiera entra en la educación sexual cuando les contamos a nuestros hijos acerca de cómo son los aparatos genitales femenino y masculino.
Es justamente por ese desconocimiento que muchas mujeres plantean dificultades para alcanzar un orgasmo y relatan haberlo tenido por primera vez durante el embarazo. Es que, al tener más sensaciones, muchas incrementan su curiosidad y descubren así sus genitales, los tocan, se autoestimulan y de este modo llegan a un orgasmo.
Otro motivo es que al haber reducido la cantidad de relaciones sexuales con penetración por temor de lastimar al bebé, de alguna manera ha habido más juego y estimulación directa clitoridiana. Además esta exploración les ha permitido descubrir y ajustar los tiempos con la pareja, así como los ritmos, la regularidad del estímulo y los tipos de toque que predisponen a un orgasmo. A esto se le suma que en este período existe una mayor predisposición para la plataforma orgásmica (es decir, las condiciones fisiológicas necesarias para que éste ocurra).
Sería interesante que la mujer pudiera aprovechar este momento para explorar otros modos de vincularse sexualmente, con más caricias, más estimulación, o quizás no más, pero sí diferente de aquella que tenían regularmente.




7 de julio

La alimentaci√≥n en el embarazo 

Construyendo el cuerpo de nuestro bebé

Si tomamos en cuenta que construimos materialmente nuestro cuerpo con lo que comemos, el embarazo es una excelente oportunidad de revisar nuestros hábitos alimentarios, ya que de ellos dependerá nuestra salud y la de nuestro bebé.
Seg√ļn la m√©dica nutricionista argentina Graciela Bianco,* autora del libro Nutrici√≥n a conciencia, “para esta tarea de construir el beb√©, la mam√° necesita formar nuevas estructuras como lo son la placenta y el l√≠quido amni√≥tico. Adem√°s, debe ampliar √≥rganos como el √ļtero y las mamas y aumentar la cantidad de sangre y hormonas circulantes. Todo esto hace que la ganancia de peso al fin del embarazo se distribuya de la siguiente manera:

Nuevas estructuras

Feto.......................................3,500 kg
Placenta.................................0,600 kg
Líquido amniótico...............0,800 kg

Estructuras incrementadas

√ötero......................................0,900 kg
Mamas....................................0,400 kg
Líquidos de retención
Por hormona.........................1,500 kg
Sangre.....................................1,200 kg
Total........................................10 kg**

La distribuci√≥n de la ganancia de peso en el tiempo es aproximadamente de 2 kg en el primer trimestre, en el cual se forma la placenta. En el segundo trimestre el beb√© es el que m√°s crece, produciendo una ganancia de 5 kg de peso. Y en el √ļltimo trimestre se suman 3 kg para completar el desarrollo del beb√© y del l√≠quido amni√≥tico que lo protege y le permite moverse”.
Susana Zurschmitten, nutricionista argentina, autora del libro Sanarnos mediante la alimentaci√≥n, dice: “La nutrici√≥n es la medicina preventiva por excelencia.... Es el pilar fundamental donde se apoya la salud y la posibilidad de crecer sanamente para desarrollar a pleno las funciones f√≠sicas, mentales y espirituales”.
Pero lamentablemente, en el embarazo la preocupaci√≥n por lo general ha estado orientada a medir la cantidad m√°s que la calidad de aquello que ingerimos. De hecho, hasta no mucho tiempo atr√°s se alentaba a la embarazada a “alimentarse por dos”, y hoy la mayor√≠a de mujeres, ya sea motivadas por la tendencia de una moda de la delgadez o por presi√≥n de su m√©dico, siguen muy de cerca su aumento de peso con dietas que las ayuden controlar la cantidad de las calor√≠as que consumen, pero descuidando muchas veces su valor nutricional.
Pero m√°s all√° de lograr manejar el tema del sobrepeso, de fundamental importancia —sobre todo para quienes cuentan con antecedentes de obesidad u otros des√≥rdenes metab√≥licos—, ser√≠a importante que este per√≠odo sirviera para incorporar h√°bitos de alimentaci√≥n m√°s saludables. Tengamos en cuenta que no s√≥lo se est√°n creando las bases de la alimentaci√≥n del hijo por nacer, sino las de todo el grupo familiar.
Por eso, revisar nuestro sistema de comidas dentro del de nuestras vidas es una responsabilidad para ambos miembros de la pareja gestante.
En ese sentido, es conveniente dedicarles alg√ļn tiempo al planeamiento, la elaboraci√≥n y la degustaci√≥n de nuestras comidas. Seleccionar los alimentos que pondremos en nuestro carrito del supermercado puede ser el primer paso para contar con los nutrientes que necesitamos. Aprender a combinarlos por sus propiedades para su mejor aprovechamiento, as√≠ como por sus colores y sus texturas resulta tan importante como crear un ambiente confortable, apacible y atractivo para comerlos.
Hay que considerar que todos los sentidos están involucradas en la experiencia; por lo tanto, comer despacio es la mejor manera de disfrutar no sólo el sabor de cada bocado, sino su aroma, su textura y su color. Seamos conscientes además de que de este modo estaremos satisfaciendo y nutriendo también a nuestro hijo.
Incluimos a continuaci√≥n la informaci√≥n que brinda la licenciada Zurscmitten sobre “alimentaci√≥n saludable” en los talleres para embarazadas, como parte de nuestro programa para parejas gestantes.

 * +Quiero rendirle aqu√≠ mi homenaje ya que a ella le debo aprendizajes muy valiosos que me ayudaron a incorporar a mi vida h√°bitos de alimentaci√≥n m√°s saludables.
** La diferencia para llegar a los 10 kg obedecer√≠a a causas variadas, entre las m√°s comunes la retenci√≥n de l√≠quidos. [N. de la A.]



La alimentación en el embarazo

Susana Zurschmitten

La alimentaci√≥n en el embarazo cumple una funci√≥n fundamental en la salud de la mujer y de su ni√Īo antes de nacer. As√≠ como una dieta equilibrada contribuye al sano crecimiento del beb√©, tambi√©n ayuda a la futura mam√° a mantener un buen nivel de energ√≠a tanto en el embarazo y en el parto, como en el per√≠odo posnatal.
Es muy importante que en esta etapa la madre cubra los requerimientos nutricionales propios y de su hijo, ya que los cuidados adecuados pueden evitar o disminuir el riesgo de parto prematuro o de bajo beso. En el caso de las adolescentes, estas medidas deber√°n ser aun m√°s respetadas para lograr los dos objetivos: un ni√Īo bien nutrido y una mam√° que pueda seguir su desarrollo fisiol√≥gico normal hasta la madurez.

¨      El peso
Es necesario mantener un peso equilibrado. Si se ha partido de un peso superior al ideal no ser√° ahora el momento de hacer dietas muy estrictas, que resten nutrientes necesarios, tanto a la madre como al ni√Īo. Si √©ste es el caso, se deber√° continuar el embarazo con una dieta equilibrada, y principalmente completa, para lo cual habr√° que evitar los alimentos cal√≥ricos y con pocos nutrientes. El aumento de peso nunca deber√° ser inferior a 6 kg durante el embarazo. Si se parti√≥ de un peso normal, la regla pr√°ctica de 1 kg por mes es un buen par√°metro.

¨      Los nutrientes necesarios
El organismo de la madre necesitará una cantidad mayor de proteínas, presentes en las carnes, los huevos, los lácteos, las legumbres, entre ellas la soja. La soja aporta proteínas completas con la ventaja de su naturaleza vegetal, por lo cual no contiene grasas saturadas ni colesterol. Sin embargo, no es muy aconsejable exagerar su consumo. Una o dos veces por semana sería lo adecuado, especialmente en el caso de las mamás vegetarianas.
El beb√© se alimenta de glucosa, la que pasa a trav√©s de la placenta, por lo tanto es fundamental que la mam√° incorpore alrededor de 170 grs de hidratos de carbono diariamente a fin de evitar la aparici√≥n de un estado llamado cetosis, proceso por el cual las grasas se transforman en glucosa cuando hay carencia de ella, lo que puede da√Īar el sistema neurol√≥gico del beb√©. Esta cantidad de hidratos se cubre con el pan del desayuno y de la merienda, las frutas, sus jugos, las verduras y los cereales.
Es beneficioso tener en cuenta la selección de hidratos de carbono: aquellos integrales (como el arroz integral, los cereales de desayuno, el pan integral) aportan, además del almidón, minerales y vitaminas; entre las vitaminas, las B1, 2, 3, 5, y entre los minerales fósforo, hierro, potasio, en especial, además de selenio, manganeso, cobre y zinc, entre otros.
Se pueden evitar los az√ļcares blancos y consumir en su lugar az√ļcar integral, que aporta minerales y fibra.

En este per√≠odo de crecimiento, el beb√© utiliza las grasas en sangre de la madre, que pasan a trav√©s de la placenta. Por esta raz√≥n es importante la calidad de esas grasas, que deben ser vegetales (aceites de primera presi√≥n en fr√≠o, algunas frutas secas como ser almendras, nueces, avellanas, y tambi√©n semillas, por ejemplo de girasol o de s√©samo). Respecto de las grasas animales, la mejor de ellas la constituye el pescado de mar, que aportar√° √°cidos grasos Omega 3, esenciales para el desarrollo neurol√≥gico del beb√©. Algunas investigaciones recientes confirman el beneficio de estos √°cidos grasos durante el embarazo. Por un lado, constituyen un elemento fundamental en el desarrollo del sistema nervioso, y por otro disminuyen el riesgo de padecer algunos tipos de c√°ncer en el transcurso de la vida del ni√Īo. Por lo tanto, es sumamente beneficioso el consumo de pescado de mar durante el per√≠odo de gestaci√≥n.


¨      Los minerales
El hierro es otro nutriente que debe cuidarse. La anemia es frecuente en el embarazo; si bien hay una tendencia a la disminución en la concentración de glóbulos rojos por aumento del plasma. Es necesario diferenciar esta situación normal de la verdadera anemia, dada por la baja cantidad de hemoglobina.
La absorci√≥n del hierro aumenta durante el embarazo al igual que la utilizaci√≥n del dep√≥sito materno de hierro. En la segunda mitad del embarazo la necesidad se incrementa porque se deben completar las reservas fetales para los primeros meses de vida, ya que la leche materna no aporta mucho hierro. Por lo tanto, se deber√° aumentar el consumo de hierro, de ah√≠ que lo m√°s usual sea que el m√©dico o la nutricionista aconsejen un suplemento de este nutriente. De todas maneras, es sumamente √ļtil enriquecer la dieta con carnes, lentejas, porotos, frutas secas y verduras como berro, radicheta, espinaca, escarola, nabo, repollo, akusai y frutas desecadas. El incremento de vitamina C a trav√©s de c√≠tricos y verduras crudas mejorar√° la absorci√≥n del hierro de fuente vegetal.

El consumo de calcio también debe aumentarse. Si la madre ingiere lácteos deberá incrementar la cantidad de acuerdo con el consejo del profesional tratante; pero si no los tolera, deberá consultar para poder asegurar un buen aporte diario, necesario tanto para preservar su salud como para el normal desarrollo del sistema esquelético del bebé.

El yodo es muy importante para el desarrollo mental del ni√Īo. En nuestro pa√≠s, la sal com√ļn de mesa contiene yodo por una disposici√≥n expl√≠cita del Ministerio de Salud P√ļblica, por lo que resulta conveniente consumir este tipo de sal. En caso de usar sal marina, se recomienda observar que en el r√≥tulo se especifique que se trata de sal rica en yodo.

El zinc también debe tenerse en cuenta y garantizar un buen aporte de este mineral a través de alimentos fuente, como son la avena, los alimentos de mar, las carnes, los hongos y las semillas de calabaza o zapallo.

El magnesio, que se encuentra en las legumbres y la soja, las almendras, las avellanas, los copos de avena y las verduras verdes, es otro de los minerales que no deben faltar en la dieta de la embarazada.


¨      ¿Y las vitaminas?
El requerimiento de vitamina A también se ve incrementado en esta etapa. Recordemos que esta vitamina se encuentra en dos formas: como vitamina A en alimentos de origen animal (lácteos) y como provitamina en los de origen vegetal, y que es posible identificarla en aquellas verduras y frutas de color amarillo, naranja y verde oscuro (zanahoria, calabaza, acelga, espinaca, remolachas, duraznos, damascos y melón, entre otras). Las fuentes vegetales son mejor toleradas y no reportan riesgos en caso de excesos. El incremento de frutas y verduras ricas en Beta Carotenos disminuirá el riesgo de estrías y asegurará una piel elástica, flexible y humectada.

Es habitual la carencia de vitamina B1; por eso, para mejorar su ingesta deben consumirse cereales integrales, que adem√°s, aseguran el aporte de vitamina B2 (levadura de cerveza, arroz integral, pan y galletitas integrales, harina integral, avena).

Es √ļtil aumentar el aporte de la vitamina B6, cuyo requerimiento se encuentra incrementado. Los cereales integrales, el germen de trigo y la levadura de cerveza son ricos en vitaminas B. Cuando hay nauseas y v√≥mitos, la vitamina B6 puede colaborar en la reducci√≥n de estos s√≠ntomas. Se puede enriquecer la dieta diaria con germen de trigo, que aporta vitaminas B y E, un excelente antioxidante. Adem√°s, esta √ļltima mejora la elasticidad y lubricaci√≥n de la piel.

Una especial recomendaci√≥n es asegurar el aporte de √°cido f√≥lico, por un lado, para evitar la anemia de la madre, y por el otro para garantizar el normal desarrollo del ni√Īo. Esta indicaci√≥n es especialmente v√°lida para las mujeres que est√°n planificando su maternidad, ya que el feto necesita del √°cido f√≥lico en sus primeras tres a cuatro semanas de vida primordialmente. De todas maneras, en la actualidad se enriquece la dieta con 400 mcg de √°cido f√≥lico durante todo el embarazo para evitar la deficiencia materna, ya que lo necesita para la s√≠ntesis de gl√≥bulos rojos, el crecimiento del feto y la s√≠ntesis de ADN. En el caso de que la mujer haya tomado anticonceptivos recientemente debe asegurarse un aporte extra de √°cido f√≥lico, ya que √©stos medicamentos dificultan su absorci√≥n y aumentan su degradaci√≥n a nivel hep√°tico.

La vitamina B12 es fundamental para el desarrollo neurol√≥gico y el crecimiento del beb√©, y su requerimiento se cubre en el ni√Īo exclusivamente por la dieta de la madre. Por lo tanto, es muy importante asegurar su aporte en la alimentaci√≥n materna durante el embarazo y la lactancia.
En general, si la mamá come carnes, ya sean rojas o blancas, huevos y lácteos, no corre riesgos de carencia. En cambio, las mamás vegetarianas pueden estar, sin saberlo, bajo el riesgo de no poder cumplir con los requerimientos de su hijo. Aquellas mujeres que incluyan lácteos y huevos deberán asegurar una dosis diaria de estos alimentos. Y aquellas mamás que no consuman ni lácteos ni huevos, por ser vegetarianas vegan, deben asegurar el aporte de esta importante vitamina a través de cereales enriquecidos, leches de soja enriquecidas y un suplemento que aporte la vitamina en su forma activa.

La vitamina D es otro nutriente que debe incrementarse para asegurar la absorción y el metabolismo del calcio; encontramos esta vitamina en los pescados, la palta, y fundamentalmente a través del sol, que permite su síntesis endógena.

Las fibras son esenciales para mejorar la flora intestinal y, con ello, las defensas naturales del organismo. Su consumo diario favorece la diaria evacuación intestinal, y reduce el riesgo de hemorroides y divertículos. Las fibras aumentan la viscosidad y el volumen de las heces, así como el peristaltismo, y ayudan a una correcta eliminación de toxinas y residuos.
El estre√Īimiento cr√≥nico, facilitado en los √ļltimos meses por la presi√≥n ejercida por el beb√© sobre la matriz, dificulta mucho la circulaci√≥n y favorece la aparici√≥n de v√°rices.
La fibra debe consumirse con cuidado cuando hay gastritis, √ļlcera, divert√≠culos que causan dolor, hernia hiatal y c√°lculos vesiculares. En el caso de las personas que no acostumbran incluirlas en la dieta, es importante hacerlo de a poco para evitar inflamaciones innecesarias.


¨      Los antinutrientes
La acci√≥n perjudicial que ejerce el alcohol sobre el ni√Īo es un dato comprobado. Por lo tanto, su consumo deber√° evitarse. Un vaso de vino ocasional no producir√° da√Īos al beb√©; sin embargo, como no se ha determinado un nivel de ingesta sin riesgo, es m√°s seguro no beber alcohol durante el embarazo.

El caf√©, el t√©, el chocolate, las bebidas cola, el guaran√°, contienen cafe√≠na, la que act√ļa como estimulante nervioso. En el embarazo su acci√≥n en la sangre se hace m√°s extensa; sabemos que fuera del embarazo el efecto dura ocho horas.
Cuando se abusa de la cafe√≠na, se incrementa el riesgo de un parto prematuro o un bajo peso al nacer. Sin embargo, un consumo de una o dos tazas de caf√© o t√© por d√≠a no da√Īar√°n al beb√©.
Un buen sistema es reducirlo siempre: si se toman varias tazas por d√≠a, elegir una o dos peque√Īas; si se toma menos, es m√°s f√°cil reemplazarlo por otras bebidas m√°s adecuadas.
El té también contiene cafeína, aunque su absorción es menor que la del café. El té verde contiene más antioxidantes y menor cantidad de cafeína.
Las bebidas cola, adem√°s de contener este estimulante, no aportan ning√ļn valor nutricional; por el contrario, irritan las mucosas, disminuyen las defensas y aumentan el requerimiento mineral. Por lo que es mejor no optar por ellas, o elegir aquellas bebidas a base de lim√≥n.

La malta de cebada tiene una propiedad lactogénica. Esto significa que aumenta la producción de leche materna. Por lo tanto, es muy adecuada durante el embarazo y la lactancia.

El hábito de fumar incrementa el riesgo de tener un bebé con bajo peso, así como también el de un parto prematuro, un aborto espontáneo y otros problemas.
El cigarrillo disminuye la capacidad de transporte de oxígeno; además, produce vasoconstricción, lo cual dificulta el flujo de sangre y nutrientes por la placenta; todo esto significa que el bebé verá restringida su nutrición.
La vitamina B12 y el zinc tienden a estar en menores concentraciones en fumadores. Y sabemos que la vitamina C necesita ser aumentada cuando se fuma. Lo que es m√°s importante, se ha hallado asociaci√≥n entre bajos niveles de vitamina C en sangre y baja ingesta de esta vitamina, con una mayor frecuencia de bajo peso al nacer. Por lo tanto, se aconseja abandonar este h√°bito, tanto durante el embarazo como en la lactancia, y aumentar el consumo de vitamina C. Es un peque√Īo esfuerzo que dar√° grandes frutos: mejor salud para la mam√° y para el ni√Īo.

Los edulcorantes deber√°n restringirse tambi√©n; es mejor utilizar az√ļcar integral, o miel o fructosa, y evitar el consumo de productos que los contengan. Cuantos menos qu√≠micos ingresemos en el organismo, mejor calidad de nutrientes aportaremos a nuestro beb√©.
Y, fundamentalmente, es bueno tener en cuenta la importancia de la nutrici√≥n, que si bien es esencial en todos los per√≠odos de la vida, en el embarazo cobra mayor importancia porque debe cubrir las necesidades tanto de la madre como del ni√Īo. Por eso, no dude en consultar con su m√©dico o buscar el consejo de un especialista en nutrici√≥n, que pueda aclarar sus inquietudes y guiarla en esta etapa. La recompensa ser√° doble: la enorme satisfacci√≥n de ver a su beb√© saludable y un estado de bienestar personal, para disfrutar de la maternidad plenamente.










La energía vital de nuestro cuerpo

La dimensión orgánica

La dimensi√≥n org√°nica se relaciona con el centro bajo o Muladhara. Este centro se localiza alrededor del coxis, en la base de la columna, entre el ano y los genitales, y abarca la zona comprendida por la planta de los pies, la cara posterior de las piernas y los gl√ļteos. Le corresponde el plexo p√©lvico, donde encontramos los √≥rganos de la pelvis menor, el √ļtero en la mujer, la pr√≥stata en el hombre, la vejiga y el recto.
Corresponde a aquellos aspectos de la persona ligados a la materialidad, a la tierra como fuente de la que se nutre, a la fuerza tel√ļrica, a los aspectos m√°s primitivos del ser humano, aquellos que surgen de la manera m√°s salvaje y que lo conectan con su naturaleza animal.

Proporciona energ√≠a a los dem√°s centros y les da la vitalidad, el vigor y la resistencia que necesitan para poder funcionar saludablemente. En este nivel se producen todos los fen√≥menos f√≠sico-qu√≠micos estudiados por la fisiolog√≠a, que se encargan de mantenernos con vida. Se relaciona, fundamentalmente, con el sistema vegetativo, y es el responsable del buen funcionamiento de todos nuestros √≥rganos vitales. 


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